Editorial

[b]“Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay[br]confusión y toda clase de acciones malvadas.”[br]Santiago 3:16[/b]

La envidia es un gusano silencioso y altamente venenoso. Penetra en los sentimientos y se instala en ellos de forma hipócrita conviviendo con la bondad, hasta que se hace fuerte y asesta el golpe de gracia.[tend] La envidia sin embargo es detectable por síntomas como los celos injustificados, el rictus amargo que se escapa de una sonrisa forzada cuando otros triunfan y el desenfado frente a las tragedias de los demás. Nada claro, pero si maliciosamente oculto para diseñar las tramas más perversas frente a quien entienden su enemigo tan solo porque creen que “brilla” más que ellos mismos o triunfa en lo que ellos jamás han triunfado. La principal manifestación de esta terrible enfermedad es el descrédito y de forma natural, “acaban” con la moral de cualquiera, inventan sin el menor escrúpulo y delatan defectos íntimos que nada aportan a los demás y que sin embargo, debilitan y manchan el ego de quien los porta. Lo peor de todo es que los envidiosos exhiben su “habilidad” con orgullo y hasta son distinguidos y respetados por la forma “valiente” de decir sus mentiras o verdades trastocadas. Los tenemos en los escenarios políticos, en la farándula, en nuestros cercanos círculos de amistades, en la radio y hasta en canales de televisión, arrogantes y soberbios, como modelos de gracia y entretención. Y es que tal y como expresa Paulo Coelho en su libro Brida, “Hay personas que se acostumbran a sus faltas y en poco tiempo las confunden con virtudes”. Y esto sin lugar a dudas, dificulta el proceso de recapitular, la posibilidad de cambiar de rumbo, o la humildad para reconocer el daño que infringen a los demás. Pero, no vayamos tan lejos y empecemos en el seno mismo de nuestros hogares. Allí donde se cocinan los alimentos del alma, los caldos para la tolerancia y los banquetes para soportar los embates de las tempestades, nos estamos quedando cortos, escasos. El hogar está pasando hambre. Y en este abandono, se ha permitido que el egoísmo, las rivalidades y la envidia, permeen los corazones de sus integrantes. Y es que el lugar más cómodo para ser egocéntrico es el hogar. Hay siempre una cierta facilidad para ser amables con otros, pero con la familia somos tentados a permitirnos más privilegios egoístas, como si con ellos no importara. A veces pensamos que “ellos saben que los queremos”, a pesar de que nunca se lo hayamos dicho, a pesar de haber sido descaradamente injustos, o crudamente rudos, o hayamos herido sentimientos, siempre pensamos “ellos saben que los quiero”. El simple y sencillo perdón se posterga, la ternura se guarda y la charla y el diálogo se esconden en el “no tengo tiempo”. Llega un momento entonces en que sin darnos cuenta, se construyen paredes insalvables y convivimos sin comunión. Se produce una lluvia de tristeza inexplicable y una rabia sorda bajo los escasos diálogos. Es el tiempo de que entienda que el hogar, su hogar, está en crisis. No permita la contienda en su hogar, porque “la rencilla baja el escudo de la fe, detiene los resultados de la oración e invita a Satanás y a sus secuaces a entrar. La discordia es mortífera, paraliza el poder de Dios en su vida.”* Es tiempo pues de que, antes de criticar a los demás, nos preguntemos si nuestra casa es un caos, y que si queremos que nuestro país viva en unidad y armonía, debemos empezar por rescatarnos a nosotros mismos y a los que nos rodean. Los invito pues a poner el poder de la armonía a funcionar en su familia y a instaurar la paz en su hogar a través del amor. Y como dice la Palabra “Tengan un mismo amor, un mismo espíritu y un mismo sentir, y no hagan nada por rivalidad o por orgullo. Al contrario, que cada uno, humildemente, estime a los otros como superiores a sí mismo. No busque nadie sus propios intereses, sino más bien el beneficio de los demás”**

En nuestra portada y páginas centrales les presentamos a Jorge Perugorría, un destacado actor, quien “con su alma cubana, interpreta el personaje de su propia vida”. Disfrute de las interesantes experiencias de este magnífico actor, protagonista de la película cubana “Fresa y Chocolate”, ganadora de varios reconocimientos en la cinemateca mundial. Pero además, disfrute de un interesante reportaje en homenaje al Teatro, con motivo de celebrarse en este mes el Día del Teatro, un reportaje especial a Ellis Pérez en la celebración del 50 aniversario de su carrera como comunicador, así como las actividades más relevantes de la quincena. Que la disfruten y que Dios les bendiga.

*Crezcamos de fe en fe.

**Filipenses 2, 1-13