EDITORIALES

[b]Comportamiento social[/b]

El Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, que tiene por fecha la misma en que fuera cometido el atroz asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, transcurrió ayer con diversos actos en cada uno de los cuales se invocó la necesidad de contener la violencia de género.

Las cifras de feminicidios acumuladas en los últimos años deberán hacernos entender que la lucha por erradicar o contener la violencia contra la mujer tiene que ir más allá de las invocaciones, del acto social, de la ofrenda, de los protocolos, de la ley en papel que pocas veces se traduce en hechos, o de lo contrario continuaremos lamentando ocurrencias horrendas, traumatizantes para las familias directamente afectadas y para toda la sociedad en sentido general.

-II-

Hablando en buen cristiano, la auténtica lucha contra la violencia de género tiene que partir de un comportamiento social que elimine las barreras laborales y de otras índoles que se anteponen a la mujer. La discriminación tiene rasgos tan injustificables como la diferencia entre el salario del hombre y el de la mujer para el desempeño de una misma tarea.

También en el marco del comportamiento social discriminatorio e injusto está el hecho de que en los partidos políticos las cuotas de nominaciones son disímiles, en desventaja para la mujer.

Son esas desigualdades enquistadas en el comportamiento de la sociedad, más una formación hogareña inadecuada, machista por lo general, lo que induce que muchos hombres perciban a sus parejas como entes inferiores de cuya vida se puede disponer por antojo.

Como se ve, la lucha contra la violencia de género tiene que contemplar aspectos más profundos que la retórica y todos los actos y loas que puedan caber en las horas de un día. Esa lucha tiene que establecerse como una norma de comportamiento social de práctica constante y universal, sin discrimen de edades y clases para que pueda rendir los frutos deseados.

[b]Buena medida[/b]

El gobierno anunció ayer que dejará de cobrar impuestos a la importación de libros y revistas.

Esa es, sin duda alguna, una buena medida, medida rectificadora que va emn beneficio de los gobernados.

La importación de libros y revistas, tradicionalmente, había estado libre del pago de impuestos de todas clases.

El gobierno, al disponer de una serie de tributos para lkas importaciones, dada la precaria situación de sus finanzas, comernzó a cobrar cargas por la adquisición de publicaciones en el exterior.

Eso, como era de esperarse, subió el precio de los libros y las revistas , de por sí ya muy recargados debido a la consdtante depreciación del peso dominicano.

Los libreros expusieron la dramática situación en que se encontraban, al borde de la ruina total, y mostraron, con cifras claras y precisas, que no hablaban por el solo hecho de hablar.

El gobierno, como era su deber, atendió los reclamos de los libreros, como popularmente se les llama, y dictó una medida justa que va en favor de los dominicanos.

Lamentablemente, en cuanto al precio se refiere debido a las alzas continuas de la prima del dólar, nada se puede hacer por el momento.