Eduardo Alvarez – La Unidad en la Paz

Ningún otro partido como el Reformista puede y debe dar el ejemplo de unidad que el país necesita. Su candidato presidencial, Eduardo Estrella, ha sido firme en su voluntad de procurar la unidad. En ese orden, la sociedad se resiste a sostener los sentimientos de venganza e inútiles retaliaciones que manifiestan peledeístas y perredeístas. Por su parte, Eduardo, con una tasa de rechazo de apenas un 2%, es el único puede convocar a todos los sectores a un gobierno de unidad y de prosperidad.

Están lejos de la verdad quienes ven en Jacinto Peynado, Carlos Morales, Donald Read, Quique Antún, Antún, y Leo Matos posiciones y propósitos contarios a la victoria reformista. Quienes conocen a esos dirigentes -y yo los conozco como amigos y como compatriotas- saben de su capacidad política, el elevado sentido de la historia y el papel que les ha tocado desempeñar en este proceso.

Sin embargo, para quienes ignoran las interioridades del principal legado político de Balaguer, las opiniones expresadas en los párrafos anteriores me coloquen en el mundo irreal de soñadores e ilusos. Y no es así.

A pesar de los cuestionamientos y las objeciones legales presentadas, yo apuesto aún a la madurez, cordura y sensatez de esos hombres. Otros dirigentes, como Héctor Rodríguez Pimentel, ya han dado paso necesario para la unidad reformista. Héctor es un político brillante, de avanzadas y claras ideas, que ha dedicado toda su vida productiva al Reformista.

Peynado, Quique, Morales, Donald y Leo Matos saben, como políticos experimentados y exitosos, que la división y el sectarismo siempre ha sido contraria a la paz y al progreso. Y los reformistas enfrentamos este primer reto, sin las orientación de nuestro líder, de asimilar el compromiso que tenemos con el país y con el Partido de trabajar a favor de eso que Tomás de Aquino llama “la unidad en la paz”.

Eduardo es, como ellos, el producto de las ideas y accionar de Balaguer. Justo, humilde, sencillo, respetuoso y decente. Su bien acabado sentido de lo que el Estado lo hacen merecedor y confiable para dirigir los destinos de la nación y recuperar la confianza perdida.

Los dominicanos estamos atravesando por una crisis económica que amenaza con invadir las estructuras políticas y las instituciones democráticas que sostienen la República. De manera que los discípulos de un prócer tan generoso como lo fue Balaguer somos los primeros llamados a sacar al país de esta situación, como él lo hizo en 1966, meses después de una guerra civil, y en el `82, para recuperar la fe de una sociedad a punto de sucumbir por el caos y el desorden.

Hago mías, y al mismo tiempo, dedico estas ideas de Tomás de Aquino, contenidas en su obra sobre La Monarquía a esos compatriotas, convocados al triunfo al compromiso de salvar la República: “Un régimen será útil cuando más eficaz fuere en conservar la unidad de la paz. (…) Porque evidentemente mejor puede lograr la unidad lo que es uno por sí mismo que muchos”.