Educación en Valores

FAUSTO MOTA GARCÍA
La educación en valores constituye en los momentos cruciales en que vivimos, un eje fundamental de cara a las profundas transformaciones que experimenta la sociedad. La capacidad de los recursos humanos, el uso de la tecnología de la información y la comunicación, el crecimiento económico, los tratados internacionales y las bondades que brinda la ciencia en nada contribuirían si no contamos con seres humanos con un alto respeto por la vida y poseedores de nobles ideales para que utilicen esas potencialidades en procura de hacer posible un mundo más humano y justo.

La sociedad ha recibido un extraordinario impacto provocado por ese desarrollo científico y tecnológico, lo que ha modificado sustancialmente la manera y los métodos para responder satisfactoriamente a los grandes desafíos que el nuevo orden nos plantea. Los cambios han permeado todas las estructuras y la manera misma de obtener los aprendizajes, así como las técnicas y metodologías para lograrlos, creando nuevos paradigmas que a su vez conducen a escenarios, enfoques y comportamientos diferentes. Todo se transforma incluyendo costumbres, percepciones, conceptualizaciones y códigos de las lenguas.

En el advenimiento de revoluciones generalizadas se forma esta generación que debe consecuentemente canalizar los cambios hacia la realización del bien común. Estas tendencias tienen necesariamente que ser orientadas y articuladas con una correcta formación en valores en la búsqueda de lograr frutos tan positivos y engrandecedores como aspiramos. Esta época requiere formar a la presente generación sobre una plataforma fuerte de valores, de ética y de moral que conlleve a la reafirmación del respeto a la convivencia pacífica, a la dignidad humana, la responsabilidad familiar, social y profesional.

La educación en valores se hace más necesaria que nunca, y apoyada en políticas explícitas, que procuren la formación integral de nuestros educandos. La sociedad en su conjunto debe ponerse en alerta y definir planes concretos para la formación de hombres y mujeres nuevos, a los cuales nos corresponde conducir sin indiferencias, ni irresponsabilidades. Todos los sectores deben pasar de la reflexión a la acción, iniciando por el Estado, y la escuela, que representa un escenario fabuloso para estimular, cultivar y desarrollar con educadores y educandos prácticas vivenciales sustentadas en valores que definan la nueva sociedad que merecemos.

La escuela como comunidad de aprendizaje abierta y horizontal, debe practicar a través de su desarrollo curricular, los valores como ejes transversales que promuevan aprendizajes, normas y actitudes fundamentadas esencialmente en buenas prácticas de interacción social. Es a través de esa conducta sistematizada en sus diferentes manifestaciones que se afirmará en los actores educativos la decencia, la honestidad, responsabilidad y la dignidad humana con capacidad para producir grandes acciones caracterizadas por el servicio y la voluntad de superación.

En ese contexto toma validez el planteamiento aprobado en el Foro Presidencial por la Excelencia de la Educación Dominicana que en su declaración general en términos de una política educativa referida a los valores sustenta, entre otros aspectos: “Que se deben fortalecer los programas de educación en valores, como ejes transversales en todos los subsectores de la educación dominicana para contribuir a la formación integral en el marco de una educación permanente” y de manera inmediata define la vía más expedita para su aplicación, en el objetivo de permear en lo más íntimo a todos los actores de los diferentes niveles y modalidades del sistema educativo nacional a través de practicar valores como: “la libertad, la verdad, tolerancia, cultura de paz, respeto, solidaridad, honestidad, justicia, amor, cooperación, responsabilidad y transparencia”.