Educación sexual escolar

Mientras el índice de embarazos en adolescentes escandaliza a la sociedad, la escuela es mantenida manos fueras del asunto, atada a un prurito que le impide ayudar a encauzar debidamente el instinto carnal de los jóvenes. Y resulta que el embarazo precoz no hace más que poner a ojos vista que en alguna parte y de alguna manera, los adolescentes están mal aprendiendo a usar la sexualidad de una manera perjudicial para todos. Por ironía del destino y extraña paradoja, la filosofía de nuestra escuela ha sido la de no enseñar a los jóvenes lo que deberían aprender de voz y fuente idónea, precisamente para evitar esta alocada carrera de procreación irresponsable que trunca el desarrollo de la joven madre y no garantiza una correcta formación al nuevo miembro de la familia.

El papel más idóneo y útil de la escuela es enseñar, y más aún cuando se trata de disciplinas que tienen que ver con la administración del recurso de la reproducción. Carlos Amarante Baret, el ministro de Educación, reconoce que los adolescentes se están informando del tema sexual en otros canales fuera de las aulas. Sería un gran paso si al reconocer esta falla del Estado, el ministro nos esté anunciando un cambio profundo de actitud para corregir esta ausencia de la escuela en la orientación sexual de los jóvenes, ahora que se está invirtiendo en educación una cuantía de recursos sin precedentes.

VIOLENCIA DE GÉNERO

El hecho de que 102 mujeres hayan sido asesinadas en lo que va de año y de que un número impreciso pero elevado de ellas se sientan amenazadas o discriminadas, es claro indicador de que el Estado se ha quedado corto en iniciativas de educación y prevención contra la violencia de género.

Pone en evidencia que las políticas de Estado no han sido lo suficientemente convincentes como para lograr un cambio de mentalidad tanto en el hombre como en las autoridades que manejan los asuntos relacionados con el tema.

La protección a la mujer amenazada sigue siendo débil e ineficaz, y las sanciones por maltrato por agresiones a la mujer de poco sirven si no están acompañadas por un proceso eficaz de reeducación del agresor. La violencia de género tiene que ser atacada en todos los ámbitos en que se produce, no sólo en las relaciones conyugales. Hay que reducir a cero la discriminación contra la mujer.