Educación sexual escolar

Ya sabíamos por las evaluaciones de diversos organismos internacionales que la República Dominicana estaba entre los países latinoamericanos y del mundo que lideran ese renglón de la ignorancia que es el embarazo en las adolescentes, pero el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) nos acaba de ubicar entre las seis naciones líderes universales en tasas de infecciones de transmisión sexual en niñas de 15 a 19 años de edad.

Según el Estado de la Situación Mundial que acaba de publicar el UNFPA, el 21 por ciento de las niñas dominicanas de entre 15 y 19 años de edad han registrado infecciones de transmisión sexual, tasa que nos otorga el liderazgo mundial junto a Nicaragua, República del Congo, Ghana, Guinea y Costa de Marfil, países todos de los más pobres del mundo, entre otras razones por su bajísimo nivel educativo.

El informe aborda las consecuencias de orden personal, familiar, social, en el sistema de salud y económico del embarazo en adolescentes, que en el caso dominicano hace años que se sitúa por encima del 20 por ciento y que casi se duplica en la región sur, con alta concentración de pobreza. La provincia de Azua encabeza con un promedio de 37 por ciento de embarazo en las niñas entre 15 y 19 años. Los estudios llaman la atención de que en esa jurisdicción se registra analfabetismo en el 22 por ciento de la población, más del doble del promedio nacional de 10 por ciento.

Por donde quiera que se le observe, el problema se relaciona con los bajos niveles educativos. Casi la mitad de las niñas que quedan embarazadas no han pasado de la educación primaria. Son responsables de la alta tasa de mortalidad materno-infantil que registra el país, primera causa de muerte en mujeres entre 15 y 19 años, pese a la amplia cobertura hospitalaria que casi ha eliminado los nacimientos por comadronas.

Precisa el informe de la UNFPA que las adolescentes dominicanas “con nivel de instrucción básico presentan un porcentaje de embarazos siete veces mayor la de las que tienen nivel universitario”. Y que la “epidemia” afecta a las más pobres, sin educación y de las áreas rurales.

Todo lo indicado lleva directamente a la conclusión de que es urgente impartir educción sexual en el nivel primario de la escuela dominicana, sobre todo en las públicas, donde prevalece la pobreza. Se estima que apenas un 8 por ciento de los escolares dominicanos de ese nivel reciben educación sexual.

El UNFPA cita resultados preliminares de un estudio que cuantifica en 2 mil 100 millones de pesos anuales el costo de los embarazos en adolescentes “33 veces mayor a la inversión estimada anual del Plan Nacional de Prevención de Embarazos en Adolescentes”.

Hace muchos años que se discute la pertinencia de la educación sexual en las escuelas, pero las políticas estatales se han doblegado ante los prejuicios religiosos que alegan que la información y formación sexual en los primeros niveles induciría la población infantil a la actividad sexual. Aunque los estudios muestran que la sexualidad comienza muy temprano en el país.

He ahí un absurdo, uno de los casos en los que la educación tendría efectos perversos según los fundamentalistas moralistas, aunque a nivel mundial está sobradamente demostrado que el embarazo temprano, las enfermedades sexuales y muertes en niñas son proporcionales a la falta de conocimientos.

Todos los indicadores obligan a un cambio drástico de política educativa en el país para que niños y niñas tengan oportunidad de un ejercicio de mayor responsabilidad con sus cuerpos y sentimientos. Es cuestión de derecho humano. Ya es tiempo de que el salvaje pragmatismo político que cede al chantaje dé paso a política fundadas en la racionalidad.