Educando a nuestro síndico

POR  AMPARO CHANTADA
Según Edgar Morín, quien es una autoridad mundial en cuestión de medio ambiente y desarrollo, entre los problemas ecológicos mundiales actuales se encuentran:

“En los países industrializados: contaminación de las aguas, incluidas las capas freáticas; envenenamiento de los suelos por los exceso de pesticidas y fertilizantes; urbanización masiva de regiones ecológicamente frágiles (como las zonas costeras); lluvias ácidas; almacenamiento de desechos nocivos. En los países no industrializados: desertización, deforestación, erosión y salinización de los suelos, inundaciones, urbanización salvaje de megalópolis envenenadas por el dióxido de azufre (que favorece el asma), el monóxido de carbono (que produce trastornos cerebrales y cardíacos) y el bióxido de nitrógeno (inmunodepresor). En cuanto a los problemas globales que afectan al planeta en su conjunto: emisiones de CO2 que intensifican el efecto invernadero, envenenando los microorganismos que hacen la limpieza, alterando importantes ciclos vitales; lenta destrucción de la capa estrotosférica de ozono, agujero de ozono en el Antártico, exceso de ozono en la troposfera (parte más baja de la atmósfera)” (fin de la cita).

En este sentido, en el informe de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Mundial, dice: “Dos tendencias principales caracterizan el comienzo del tercer milenio. Primero, el ecosistema humano mundial está amenazado por graves desequilibrios de la productividad y de la destrucción de bienes y servicios.

Consecuencias: Una proporción importante de la humanidad sigue viviendo en condiciones de verdadera pobreza. Segundo, la proyección de las tendencias indica una creciente divergencia entre los que se benefician del desarrollo económico y tecnológico y los que no se benefician. Esta progresión insostenible de los extremos de riqueza y de pobreza amenaza la estabilidad de todo el sistema humano y, con él, del medio ambiente mundial”. Ese soporte, quizás, concientice a algunos periodistas, que no conocen los nuevos paradigmas de la Humanidad, y que se relacionan con sobrevivencia, globalización y medio ambiente, entre otros.

En un canal de televisión local, apoyados en el poder que da la comunicación televisiva, dos periodistas cuestionaron mi capacidad, la capacidad de los ambientalistas de la Academia de Ciencias de orientar a la población sobre los riesgos ambientales y las violaciones a las leyes de medio ambiente que caracteriza las actuaciones, del cómico que tenemos por síndico. Es preciso recordar a los periodistas que su función es informar, informar objetivamente es decir documentarse, organizar las informaciones y hacerse una opinión sustentada en datos, estadísticas, informaciones, es decir que no deben expresar sus sentimientos, que por ser sentimientos o impresiones o opiniones no tienen carácter científicos, sino ideológicos. Todo periodista tiene derecho a tener ideas, opiniones pero estas se transforman en ideologías, dejando de ser informaciones científicas. Porque es bueno recordar a los periodistas que existe en el país profesionales, diplomados en la ex-URSS, en Francia, en Italia o en la ex Checoslovaquia, naciones que tenían sus Universidades en muy altos niveles de ranking mundial y que por lo tanto, deben usar esos profesionales para dar una visión profesional de los problemas tratados.

Se le reconoce al cirujano su capacidad para operar, al cardiólogo su capacidad de intervenir en nuestros corazones, nuestras coronarias, pues a la geografía, a la sociología, a la biología, a la planificación territorial, se debe respetar sus campos del saber.

La globalización tiene con el espacio una relación fundamental y abrió a la geografía un campo nuevo de investigación y de indagaciones. Si no existen fronteras para el capital tampoco existen para la ciencia y el conocimiento. La economía globalizada es una amenaza para la ecología mundial y sus ecosistemas y es del deber de los científicos conscientes del peligro, advertir y denunciar que los ecosistemas marinos del Caribe se agotan, que la industria turística en manos de un sector voraz pone en peligro la fauna, la flora, las aguas subterráneas, fuera una irresponsabilidad nuestra no denunciarlo, conociendo los daños que se hacen por el uso excesivo de las aguas, de las tierras, de los fertilizantes y de los pesticidas.