Ejemplo a analizar, apoyar y repetir

POR MARIANNE DE TOLENTINO
La clausura de la exposición La Tierra Vista desde el Cielo tuvo que ser pospuesta del 22 de junio al 14 de julio por una demanda popular que no cedía. Continuaban los flujos de visitantes, mayores durante las noches y los fines de semana. Aun cuando llovía, los visitantes acudían, salvaguardados por un buen paraguas. Ante tanta pasión, el cierre se aplazó una segunda vez, hasta el 17 de julio.

Y, a la mañana siguiente, mientras se procedía al desmontaje, la tristeza se leía sobre los rostros: era como quitar a los residentes de los alrededores del parque algo que ya les pertenecía y debía permanecer para siempre..

Se calcula en cerca de 500.000 el número de personas que miraron las 138 fotografías del planeta –18 retratando la República Dominicana–, tomadas por Yann Arthus-Bertrand desde un helicóptero, y esa cifra es muy conservadora… Cuando una exposición, en cualquier parte del mundo, recibe a más de 30.000 visitantes, se considera un éxito. Por cierto había sucedido en nuestro país el año pasado con otra muestra, organizada por la Embajada de Francia, el Museo del Louvre y la Biblioteca Nacional de París. Dibujos y grabados de Chasseriau, el famoso pintor francés nacido en Samaná, se presentaron entonces en el Centro León de Santiago y el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo.

Ahora bien, mucha gente no se conformó con una sola visita. Un entusiasta confesó haber ido 12 veces, y dijo descubrir siempre algo nuevo, e incontables son los que dieron la vuelta al Parque Independencia dos y tres veces para disfrutar de un espectáculo fotográfico extraordinario. A los peatones, se sumaban, durante las primeras semanas, los vistantes “montados” en carro…. que llegaron a causar dificultades de tránsito por perturbar el ritmo de la circulación. ¡Hubo que prohibir el estacionamiento! “La Tierra vista desde el Cielo” se convirtió en un lugar de paseo predilecto, y el comentario unánime fue que jamás había sucedido algo igual para una exposición.

Un comportamiento ejemplar

En casi tres meses de exhibición no se reportó un solo acto de vandalismo y agresión voluntaria a los cuadros, y se observó de parte de una asistencia, tan variada como masiva, un respeto constante. Entre tantos logros del evento, incidió la cooperación de los mismos espectadores –hemos visto a varios padres de familia impidiendo a los niños tocar las obras–. El público mismo reforzó espontáneamente el cuidado de las fotografías, asegurado discretamente por militares y policías, especialmente destacados.

Con el propósito de documentar a los visitantes, se distribuyeron decenas de miles de suplementos –catálogos, con textos e imágenes–. Se hizo una tirada de 100.000 ejemplares, y los “brochures” fueron repartidos por los responsables de la información, equitativamente y con sentido de la economía. Nadie botó los folletos –que, sí, se consultaban–, y ese aprecio por la información suministrada se inscribió en una conducta excepcional.

Por otra parte los espectadores iban leyendo los extensos pies de fotos, que no sólo describían sino advertían acerca de los daños causados por los hombres a la naturaleza. Fue uno de los fenómenos más impresionantes: se leía, se tomaba apuntes, se fotografiaban las fotografías… O sea que se manifestó un interés plural, probablemente nunca alcanzado en Santo Domingo.

A solicitud del público, hubo que agregar un extenso texto fijado en una de las puertas del parque, recordando las agresiones perpetradas en contra de la naturaleza dominicana… Las informaciones sobre el fotógrafo, los mensajes del Embajador de Francia y del Secretario del Medio Ambiente, las palabras de los patrocinadores, el hermoso texto sobre el Desarrollo Sostenible, también se leían, pese a su extensión.

A la lectura y las notas –los estudiantes extraían datos para sus trabajos escolares–, se sumaban los comentarios. Los diálogos se multiplicaban, y era un deleite escucharlos. Si las fotografías de la República Dominicana lógicamente concentraron las observaciones personales, la gente manifestó una inmensa curiosidad por las maravillas de todas las regiones del mundo, al igual que por vistas particularmente dramáticas, que Yann Arthus-Bertrand desea mostrar para crear conciencia.

Y sobre todo, pudimos valorar la gran sensibilidad de las categorías –generacionales, profesionales, sociales– más diversificadas. Fue un pueblo entero, sin dstinciones, que disfrutó las obras en una expresión de arte público, en una galería al aire libre, que invitaba, diariamente, hasta las diez de la noche. Se ha comentado el esplendor devuelto al Parque Independencia por el evento, la satisfacción de millares de personas por una metamorfosis, que se quisiera permanente… y renovada con otras exposiciones.

Un triunfo colectivo

Si hemos insistido acerca de la receptividad del público, es porque, entre nosotros, no se suele frecuentar los museos ni las galerías –excepto la noche inaugural–, y menos aún los fines de semanas. Esa acogida y disfrute masivo enseñó que la experiencia ha de repetirse y que, en Santo Domingo, el Parque Independencia podría convertirse en espacio público y permanente de excelentes exposiciones –una condición cualitativa imprescindible–. Así se contribuiría de verdad a la educación artística y a la propagación cultural como un espontáneo y esperado entretenimiento.

Luego, la participación generosa del sector privado –con más de diez patrocinadores– junto al apoyo decisivo de varios organismos oficiales permitió una realización igualmente ejemplar. Correspondiendo al deseo de Yann Arthus-Bertrand, preocupado por las generaciones del futuro, los jóvenes recibieron una atención privilegiada, colaborando decenas de colegios y escuelas de la capital y de provincia, impartiendo la Secretaría de Estado de Cultura talleres y actividades de animación. Una exposición itinerante de los murales pintados por los niños va a recorrer el país a partir del mes próximo.

La Embajada de Francia, encabezada por el embajador Jean-Claude Moyret, se entregó a la organización de ese acontecimiento, y una correspondencia permanente –a modo de una conversación diaria por e-mail– se mantuvo con Yann Arthus-Bertrand, sus colaboradores y su oficina, exigentes y cooperadores. El arquitecto Fernando Ottenwalder hizo un magnífico trabajo. Triunfó la labor de equipo, en la que, para el desenvolvimiento cotidiano, los jóvenes guías jugaron un papel importante. El espectador siempre tenía a quién recurrir.

No podemos olvidar que centenares de personas firmaron y escribieron sus impresiones -a veces dirigiéndose al fotógrafo, entre ellos turistas deslumbrados que habían visto la exposición en otras ciudades y… la prefirieron en Santo Domingo. Nos limitaremos, por ahora, a citar cuatro opiniones que reflejan el encantamiento del público.

“Sr. Yann, es tan maravillosa esta muestra que me parece que Dios tras su ojo retrató la tierra. Felicidades.”

“Todo muy bien, excelente, estoy de acuerdo sea exposición permanente.”

“Una bella recreación a nuestros ojos y a nuestra alma. Gracias Sr.Bertrand.”

“Esta exposición por su contenido es lo más impresionante que he visto en mi vida.”