El ‘bulterismo’: Una profesión

No dispongo de referencias documentadas sobre la ocurrencia del fenómeno en otros países de la región, pero tengo el presentimiento de que “el bulto” es un comportamiento propio de los dominicanos.

Surge y se desarrolla aquí por hábitos heredados de regimenes despóticos, de las miserias acumuladas y, más en los últimos dos siglos, por el culto a la personalidad que impusieron megalómanos gobernantes.

Se ha hecho costumbre y ley en nuestro medio la adulación, la cortesanía, estimular el ego de personajes que se consideran por encima de los demás mortales.

Exhibir opulencia es ventana abierta para la lisonja, atraerse acólitos o rodearse de ‘espalderos a sueldo’. Peloteros y ‘comberos’ los tienen en demasía.

En el terruño se ha puesto de moda contratar los servicios de ‘franqueadores’ privados motorizados, hermosas modelos de compañía y guardaespaldas que se mueven en costosísimos vehículos, dotados hasta de centellas.

Ser amigo de cualquier alto funcionario se considera tener licencia para “alcanzar el cielo”.

En las páginas de una revista social ‘colaron’ en días recientes la queja de un ‘dealer’ al que le toman prestados lujosos automóviles – para fines de prueba – que días después son devueltos con visibles daños… y si me ves no te acuerdo.

Gente de embargada credibilidad alardea de sus cercanías con presidentes de turno, y hasta hablan sin el menor rubor de las invitaciones recibidas desde la sede palaciega, para viajar “con el hombre”.

Como puede apreciarse en esta entrega de semana de abundantes lluvias, “escurrir el bulto” aquí está pasando de moda.