El abrazapalo

Federico  Henríquez Gratereaux

Mientras cursaba la escuela primaria conocí a un niño que siempre tenía la nariz enrojecida. Sufría alguna alergia, quizás rinitis. En ese tiempo no podía distinguir los significados de esas palabras. Solo sabía que mi compañero Armando llevaba a todas partes – jugara, estudiara o vacacionara – una larga nariz colorada. Un día, durante las vacaciones de verano, nos reunimos bajo un árbol de almendras a partir semillas secas con una piedra. El rugoso tronco del árbol, lleno de surcos profundos, me pareció imponente. – ¡Ten cuidado! gritó Armando. – ¡Baja la cabeza! Alcancé a ver un mariposón gris y negro que se posó en el almendro.

¿De dónde salió esa mariposa tan grande? pregunté. – No es una mariposa; es un abrazapalo. Cuando hay viento se pegan de los árboles grandes para protegerse. Si no lo hacen, el viento los arrastra y los tumba, pues tienen alas demasiado grandes. Vámonos de aquí. Si un abrazapalo aletea sobre tu cabeza y te cae el polvo que suelta de las alas, podría dejarte ciego o irritarte los pulmones y la nariz. – ¿Una simple mariposa puede hacer eso? – No es mariposa; es un abrazapalo negro; cuando se pega a un árbol, en tiempos de lluvia y viento, caga el tronco y seca la mata.

Las mariposas avanzan dando tumbos, como los veleros en el mar; poniendo las alas hacia un lado u otro, el viento mismo las ayuda a desplazarse. Corrigen la dirección cuando disminuye la intensidad de la brisa. Por eso los niños creen que las mariposas dan bandazos. Según explicaba Armando, el abrazapalo se arrima a los troncos para descansar; pero los destruye con la acción corrosiva del polvo de las alas y la acidez de las deyecciones, que penetran en los pliegues de las cortezas. Armando añadió: – además, el abrazapalo da mala suerte.

Hace tres meses, en un supermercado, vi un señor con la cabeza encanecida y la nariz rojiza. Era mi compañero Armando; se acercó sonriente, me puso una mano sobre el hombro. – Estos políticos que tenemos ahora son como abrazapalos. Se agarran de los personajes poderosos hasta dejarlos muertos o exhaustos. Entonces buscan otros palos firmes para abrazarlos en lo que amainan los vientos sociales o económicos. (6/07/2009).