El abusador, violento, el criminal

El próximo martes 25 celebraremos el Día Internacional de la Violencia contra la Mujer, lo que nos motiva a reflexionar sobre la conducta de este personaje pervertido y hasta criminal que goza con abusar del ser inerme como lo es la mujer; al parecer a este personaje no le enseñaron desde chico que las damas no se lastiman ni con los pétalos de una rosa.

Está ahí en nuestra sociedad, cada vez son más y más los casos donde este cobarde abusador la emprende con violencia  contra su compañera terminando muchas veces en tragedias.

Estos abusadores tienen rasgos de personalidad que le son comunes, si partimos del hecho que el desarrollo de la personalidad es un problema básico en la psicología del aprendizaje.  La teoría del aprendizaje está estrechamente ligada a nuestros conceptos de la naturaleza del hombre. Específicamente, si pensamos en un hombre como algo impelido o arrastrado por fuerzas exteriores, entonces estaríamos negándole al hombre su capacidad de cambios, su dialéctica. Sería un punto de vista de sólo estímulo y respuesta, atribuyéndole un papel  importante a las simples fuerzas fisiológicas del primario impulso y los asociamos entonces a procesos muy elementales del tejido nervioso, los de simple placer, compensación o supervivencia.

Creemos que cada individuo es un complejo ente en desarrollo, que progresa inexorablemente en diferenciación e integración, y donde el aprendizaje se articula a lo genético en lo que será la personalidad de cada humano. Donde la conciencia de uno mismo, que se realiza gradualmente durante los cinco o seis primeros años de la vida nos valida qué importancia tiene lo aprendido en la evolución de la personalidad de cada uno de nosotros. Los antiguos griegos la consideraban en términos relacionados con los distintos fluidos, sangre, bilis, etc., a comienzos del siglo XIX surgieron enfoques diferentes, pero no es sino hasta la revolución freudiana cuando toma nuevos rumbos el estudio de la personalidad humana. Freud se concentró en la indagación de las fuerzas que entran en juego para la construcción de la personalidad y las estructuras internas que las canalizan y dirigen.

En la modernidad, son cada vez más importantes los aspectos genéticos, es entendible, un  niño que aprendió la violencia en su hogar, el maltrato del padre a madre y hermanos, con un trato despótico y descarnado, sin pizca de amor ni de ternura, no le podemos pedir que se maneje en su vida adulta en ninguna relación con normalidad, aún haga él el mayor esfuerzo y su psiquiatra se empeñe en desentrañar sus “fragilidades” desde esa estructura neuronal llamada cerebro, ya que tal vez antes de nacer, léase por genética, recibió una herencia  “pervertida” propiciadora de la violencia y conductas bizarras.

Desde el University College de Londres, en el Laboratorio Wellcome de Neurología, donde cada semana asistíamos a su caso especial, cuando uno de nuestros profesores ingleses lo dirigía. En esta oportunidad los profesores Semir Zeky y John Romaya indican en una publicación que el circuito del odio es totalmente diferente al de otras sensaciones como el miedo, la amenaza o el peligro. Esto ayuda a conocer mejor esas vías anatómicas de las conductas violentas tan cargadas de ese sentimiento tan nocivo como odiar.

El estudio se realizó en 17 voluntarios, usando las técnicas modernas de neuro-imágenes.

Desde hace un tiempo sabemos que  las áreas límbicas subcorticales y parte anterior del cuerpo calloso participan de manera preeminente en el llamado Trastorno de Personalidad Limite (TPL), que es una entidad psiquiátrica crónica, de  delicado pronóstico. Se caracteriza por la presencia de disfunción interpersonal, insociabilidad, inestabilidad emocional e impulsividad. También sabemos de las bases anatómicas que sustentan estas conductas bizarras, involucran el circuito fronto-límbico. Serán esos abusadores y criminales formas frustras de este grave síndrome psiquiátrico, o de otras alteraciones de personalidad, o serán únicamente distorsiones genéticas, o son la simple expresión de lo aprendido en sus vidas; eso, no lo sabemos.