El amor embellece

ROSA

“El sol besó mi Crisálida y me levanté y viví”.
Emily Dickinson.

Siempre me maravilla ver como el amor embellece lo que mira. Seguro has tenido la experiencia de sentirte “especial” cuando alguien te ama y te dice lo maravilloso que eres. Creo que no hay nada que te haga sentir más sexy que alguien que te aprecie y desee pasar tiempo contigo. Incluso, cuando esa persona eres tú misma, ¡es genial!

Cuando alguien está manteniéndote como sujeto de atención y te está apreciando, toda la energía del amor está fluyendo hacia ti a través de esa persona. Es formidable que alguien te mire desde el amor, se siente estupendamente bien, sólo que no es estable.

Si dependes de otras personas para mirarte bello, a veces lo sentirás y otras no, según se encuentren los demás. En cambio, cuando te miras a ti mismo con amor podrás observar -y apreciar- el esplendor de tu Ser, de un modo incesante y continuo.

También te sentirás así cuando amas a alguien (o algo) y ves la belleza que Dios depositó en su creación. Si reconoces la originalidad, creatividad y amor presentes en cada creación, la belleza se revelará ante ti en todo su esplendor. Cuando esto ocurre, tienes la energía de la Fuente fluyendo a través de ti, y eso te hace sentir calidez y hermosura.

Al mirar mi vida, el denominador común que conecta todas las ocasiones en que me he sentido espléndida y especial es el amor. Al recordar qué estaba pasando en mi vida en esos momentos, he detectado que han sido tiempos en los que he estado haciendo algo creativo que me llenó, me dió satisfacción, me transformó, inspiró y me hizo sentir plena.

Según el psicólogo maltés Edward de Bono, la creatividad implica romper con patrones establecidos para mirar las cosas de otra forma. Los momentos creativos te conectan con la belleza, generando una poderosa conexión con la estimulante corriente de la vida y ¡eso se nota!

La exuberante belleza que encuentras en otro cuando lo amas, te revela el secreto: el amor trasciende todo lo que muestra el plano físico.

La vida es estimulante porque esconde lo que ocurrirá en el momento siguiente. La vida es un misterio. Ella guarda con celo los propósitos del Creador. A la vez, la vida es generosa y muestra las señales a quienes en vez de insistir en saber lo que ocurrirá, deciden no hacer nada y sorprenderse con la magia presente en cada momento vivido.
Buda dijo: “A un loco se le conoce por sus actos, a un sabio también”. Elegir vivir en la dimensión espiritual implica dar cada paso en el terreno del misterio, haciéndonos conscientes de la magia y el milagro. Estoy convencida de que quienes se entregan con asombro al misterio de la vida, toman un poco de la exuberante belleza que ésta exhibe. De algún extraño modo, la humildad hace encantadoras a estas personas.

Más que una responsabilidad, conectar con la belleza que otorga el amor es un honor. Cuando esto ocurre, empiezas a resonar con la hermosura que el Creador a puesto en su creación y todo lo que te ocurre está en la misma sintonía. Hace un tiempo, en uno de los siempre interesantes encuentros con Guarionex Aquino, él me decía que cuando se afina un diapasón y éste reverbera, todos los diapasones pequeños también lo hacen.

El escritor suizo Henry F. Amiel dijo; “Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello”. Si tú te afinas para vibrar en amor, todo a tu alrededor también resonará en la misma dirección. En ausencia de resistencias, lo único que resuena es la belleza que proviene del amor. ¡Sólo el amor es real!