El amor materno y la autoestima

MAURO CASTILLO
El amor materno es un sentimiento tan especial y tan trascendente, que años tras años al final del mes de mayo cuando se aproxima esta festividad dedicada a la celebración del Día de las madres, siempre encontramos nuevas virtudes que Dios ha puesto en el corazón de cada mujer para beneficiar y hacer feliz a sus criaturas. Ese bálsamo del amor materno como bien sabemos tiene múltiples propiedades capaces de curar hasta cicatrizar todo tipo de enfermedades físicas y sufrimientos emocionales que pueden afectar a los niños.

Entre esas enfermedades físicas como la dermatitis, el asma, la diarrea, las alergias, etc., desaparecen con dosis abundantes de amor, según lo sostienen varios amigos pediatras.

Pero la tristeza crónica, el dolor moral, la depresión, la pobre autoestima, que genera un sentimiento de fracaso, un deseo de morir, en fin todo este derrumbe psíquico solo puede ser superado con dosis masivas de ese grandioso amor materno.

La alarmante estadística dada a conocer por la OMS (Organización Mundial de la Salud) en el Congreso Mundial de Psiquiatría celebrado en París en el año 2000, en que para ese año se esperaba un millón de suicidios en todo el mundo civilizado (ver nuestro artículo publicado el 27 de julio del 2000 en la sección de “Opinión” de este periódico “Hoy” Pág. 26, “Un millón de suicidios”) y con un significativo incremento año tras año, ha puesto en evidencia la necesidad de que las madres vuelvan a los hogares a darles caricias y amor a sus hijos, para que en ellos renazca otra vez ese poderoso sentimiento de la autoestima y la alegría de vivir rodeados de calor humano, evitando así la carencia de amor en tantos núcleos familiares.

La preparación académica que está alcanzado cada día la mujer la está lanzando al mercado de trabajo, haciéndole difícil cumplir su importante función maternal con sus graves consecuencias.

Existe el peligro de que en los hogares ingrese más dinero fruto de las eficientes tareas femeninas, pero a la vez se multiplicaran la drogadicción y el suicidio de los jóvenes adolescentes afectados de ese gran vació existencial de la soledad de sus propios hogares.

Solo lo sublime del amor materno retornando a los hogares nos puede proporcionar la paz y la felicidad de hogares llenos de calor afectivo y no saturados de fabulosos ajuares materiales.

Felicidades a todas las Madres, las maestras del amor en su grandioso día.