El amor y el ejemplo cuando se educa en valores

Manuel Quiroz

En medio de tantos mensajes deliberadamente distorsionados que tienen como objetivo propiciar discordias e inclinar a acciones contraproducentes que llegan a las nuevas generaciones por diversas vías, resulta alentador observar cómo la simiente de la educación en el hogar da sus frutos, sobre todo cuando el amor verdadero ha jugado un papel fundamental.
Por esa razón, viejos profesores que por su consagración al magisterio le daban a su ejercicio un enfoque social —más allá de la pura enseñanza y transmisión de conocimientos— insistían mucho que antes del proceso de educación formal en las escuelas, el elemento básico e indispensable era la educación doméstica para lograr una auténtica formación integral y humanística.
Oyendo a Yovanka Saladín, hija del miembro de la Junta Central Electoral, Roberto Saladín, mientras daba las gracias a los presentes en el funeral de su madre, Bienvenida Quiroz Miranda, en una carpa frente al panteón de la familia, pude apreciar por el sentimiento, el tono y los detalles que ofrecía, que no se trataba de un simple cumplido protocolar, sino que era un elocuente reflejo del ejemplo que había visto, apreciado y valorado en el hogar.
En ese sentido subrayó el gran significado del amor materno y la guía recibida desde los primeros años en el hogar para que los valores sirvieran de fundamento y guía hacia buenas causas y conducir a un comportamiento ajustado a normas adecuadas y de equilibrio, aspectos que están actualmente en crisis y que se necesitan rescatar en las familias y fortalecer como una asignatura de primer orden desde la enseñanza preescolar.
Previo a sus palabras, en el panegírico se había destacado que estas enseñanzas no eran casuales, sino que venían heredadas de familia en familia, ya que a pesar de Bienvenida haber nacido en tiempos difíciles y de grandes carencias materiales, su madre y sus hermanos la recibieron con alegría y esmerado cuidado porque el amor familiar era entonces una formidable herramienta que permitía afrontar y compensar los contratiempos.
Tal fue el nivel de entusiasmo en la recepción familiar que Bienvenida sería precisamente el término más propio, natural y preciso para asignarle su nombre de pila, que llevaría por siempre en consustancial armonía con su temperamento de apertura y comprensión hacia todos los que la conocieron.
En medio de llantos desconsolados y un pronunciado pesar durante las exequias, mientras trabajadores preparaban el nicho para colocar el ataúd. el panegirista señalaba que a pesar de la inevitable nostalgia, lo más importante era el legado por los gratificantes años que Bienvenida brindó con un torrente inagotable de cariño en pro de la unidad y la armoniosa convivencia familiar.
Ese perfil y trayectoria la distinguirían admirablemente a lo largo de su existencia, marcando parte sustancial de su personalidad porque había nacido con atributos especiales para ello, condición que se consolidaría con los mimos y las orientaciones de su madre doña Reina, ejemplo de amor, apoyo y consagración a todos sus hijos.
De temperamento apacible y voz serena que tenia la virtud de aplacar cualquier ánimo tempestuoso y llevar a la calma, Bienvenida llevó una vida ejemplar que tuvo a lo largo de su existencia la recompensa, no buscada pero muy merecida, de quienes la amaron y extrañarán por siempre.
Uno de los momentos más emotivos de la despedida fue cuando se recordó que esta ejemplar mujer buscaba en cada ocasión un amoroso pretexto para en un cumpleaños o en una comida tener un medio efectivo de renovar afectos familiares y evitar el frío distanciamiento y la apatía en que tienden a envolvernos las urgencias cotidianas.