El bajo nivel de la UASD cuando enseña historia

24_10_2015 Areito 24 octubre Areíto7

TAN BAJO QUE PARA ALGUNOS ESTUDIANTES, MANOLO
TAVÁREZ JUSTO FUE UN PELOTERO DE LAS ÁGUILAS

La carrera de Historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo se creó para despertar en la juventud dominicana un profundo sentimiento nacional y para enseñar testimonios auténticos pues ya los existentes venían maleados por el texto de Bernardo Pichardo, definido por Emilio Cordero Michel como racista, trujillista, anti negro.

El reconocido historiador, economista, sociólogo, antropólogo, catedrático universitario por más de medio siglo, considera que la historia verdadera es la que se fundamenta en el materialismo histórico, no en la narración sino en el análisis de las causas que provocan los hechos históricos y sus efectos, a corto e inmediato plazos o a largo plazo a partir de la lucha de clases.

Como si estuviera en el aula, aunque ahora sin la voz que perdió compartiendo con el estudiantado de aquella nueva UASD los conocimientos aprendidos y ampliados en el exilio en Estados Unidos, Emilio se remonta a los años de su llegada al país después del ajusticiamiento y revela que a Francisco Alberto Henríquez Vásquez (Chito) se debe el que la historia dominicana fuera materia obligatoria en el Colegio Universitario que se estrenaba alrededor de 1966.

“Chito creó una nueva interpretación de la historia”, afirma. Este también regresaba del destierro y organizó un ciclo de conferencias en el que participó Cordero Michel con dos ponencias reveladoras: La economía precolonial y La economía colonial de La Española. Ahí se dio a conocer como analista del pasado aunque ya escribía sobre temas históricos, agrarios y económicos en el boletín del Movimiento de Liberación Dominicano, en el que consignaba también sus proclamas opositoras a la dictadura.

Así nació el historiador que en poco tiempo se convirtió en el autor de lo que se empleó como primer texto de esa asignatura: las anotaciones de su cátedra de Historia económica y social III, con las que estudiaron todos los que cursaron Economía “hasta que desaparecieron la asignatura y la cambiaron por psicología”. Estos apuntes, corregidos, ampliados, impresos, serán puestos a circular en la Segunda Feria del Libro de Historia Dominicana que celebrará el Archivo General de la Nación del 26 al 31 de octubre.

Emilio siguió impartiendo Historia en la carrera de Derecho. Ahora le correspondió enseñar Historia de la Nación Dominicana pero con su rebeldía innata cuenta que llegó un momento en que se desencantó de la facultad y salió, continuó con la misma materia pero en la propia carrera de Historia, aumentada a Historia Dominicana 1, 2, 3 y 4.

La Escuela representó gran novedad en la Autónoma y despertó el interés de alumnos que hoy son sobresalientes cronistas. Entre los fundadores y pioneros en la enseñanza Emilio recuerda a Chito Henríquez, Franklin Franco, Antinoe Fiallo Billini, Juan Isidro Jiménes Grullón…

Por las cátedras suyas y de Juan Isidro, que dictaban Historia Dominicana III en el primer año de Economía, desfilaron José Louis Malkun, Nelson Ceballos, Fidelio Despradel, Miguel Ceara Hatton, entre otros.

Ya circulaba el primer libro de texto y se revelaba otro historiador con una obra que revolucionó la metodología histórica, produciendo encendidos debates entre los autores tradicionales y los denominados científicos: Historia Social, Política y Económica en la República Dominicana, por Roberto Cassá.

Antes de los apuntes de Emilio y de esta reformadora obra de Roberto, la materia se impartía prácticamente con las clases del maestro, de las que los estudiantes tomaban notas, y con volúmenes como De Lilís a Trujillo, de Luis F. Mejía; ¿Por qué lucha el pueblo dominicano? Imperialismo y dictadura en América Latina, por Dato Pagán Perdomo y otros. También se daba Metodología de la investigación, apunta Emilio.

Hay que cerrar la Escuela de Historia.

Para Emilio Cordero Michel, quien tiene en su bibliografía alrededor de 40 ensayos y ha sido presidente, vicepresidente y es Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Historia, es muy grato encontrarse con exalumnos que lo saludan, “muy pocos, los que me aprobaron, porque yo era muy exigente”.

Aun retirado de la docencia recibe amargos desengaños, confiesa, como “las dos veces que he sido jurado para elegir asistentes a profesores, por la mala calidad de los aspirantes, casi todos licenciados y con maestría”.

En el último de los concursos, añade, se inscribieron 27 participantes “y cuando se enteraron de que yo presidiría el jurado se fueron siete y de los 20 que se examinaron solo aprobaron dos. Los demás sacaron 18, 20, 40…”.

En ese momento planteó “que debía cerrarse la Escuela de Historia, depurar y perfeccionar a los profesores, y a los estudiantes enviarlos al exterior”.
Exclama que en esa carrera “la situación sigue igual, es con folleticos de los estudiantes que estudian los profesores”, asegura.

Cordero Michel, que fue en la UASD administrador de la finca de Engombe; asesor de la Biblioteca y que como fundador de la Editora publicó 54 obras en un año y seis meses, dirigió además el Centro de Cómputos y el Colegio Universitario al que fue con el objetivo de aplicar la baja académica, lo que no logró, como tampoco pudo conseguirlo en facultad porque no le llegaban las notas.

Dice que en la Escuela de Historia todo su esfuerzo no valió la pena, “porque ahí impera la mediocridad en el profesorado”.

El Profesor Meritísimo de esa academia, gravemente afectado de las cuerdas vocales porque hablaba fuerte, sin equipo de sonido y tratando de ahogar la bulla exterior, recuerda que en su larga trayectoria como maestro de historia el objetivo principal era “enseñar al estudiante a razonar los hechos, no a memorizar fechas, ni batallas, ni personas, sino a analizar los procesos de desarrollo histórico del pueblo dominicano en todas sus fases”.

No deja de reconocer la labor historiográfica de Emilio Rodríguez Demorizi, Vetilio Alfau Durán, José Gabriel García, J. Marino Incháustegui, Delmonte y Tejada, Manuel Ubaldo Gómez, “el patrimonio del AGN, de los españoles y otros” aunque sus aportes han sido documentales.

Según Cordero Michel, a quien se dedica este año la Segunda Feria del Libro de Historia Dominicana del AGN, la enseñanza de esa materia en la universidad del Estado es de tan bajo nivel que para algunos estudiantes Manolo Tavárez Justo “fue un pelotero de Las Águilas”.

En otra entrega se ofrece un complemento de la biografía de este activo académico que madruga para asistir a la Academia Dominicana de la Historia, donde es editor de la revista Clío y coordinador del tomo 3 de la Historia del Pueblo Dominicano que trata “De la Revolución haitiana a la Separación”.

La resurrección de esa Escuela que considera de pobre calidad no depende de él, exclama. “Depende de la UASD” o de que alguna universidad privada se interese en crear una nueva.