El blason de la dignidad

DARÍO MELÉNDEZ
Probablemente el pueblo norteamericano no comprenda que sus gobernantes, empecinados en mantener el dominio económico y comercial, a sangre y fuego en todo el mundo, mediante su arrogante y abrumador poder bélico, han convertido esa gran nación en delincuente mundial.

La humanidad está azorada, confusa, consternada ante el belicismo que ha creado y mantiene Estados Unidos contra el mundo, sustentando su poder económico en la industria bélica, al igual que hiciera Hitler en Alemania. Hoy día Estados Unidos se ha convertido en enemigo de la humanidad, como lo fue la Alemania nazi, una amenaza temible para el mundo en que vivimos.

Las demás naciones, con algún poder de decisión como Japón, Inglaterra, Italia y demás, están obligadas a unirse al arrogante y arrollador poder bélico que ostenta el imperio norteamericano. Siendo así, al mundo sólo le espera desolación y ruina, toda vez que los artefactos mortíferos son muy costosos y no pueden producirse para guardarlos, su inversión exige utilidad, uso; necesariamente hay que sacarle provecho, arrasando vidas y bienes donde sea menester. Ya los soldados y guerreros norteamericanos son intocables, pueden cometer cuantos crímenes y delitos deseen, sin que poder alguno en el mundo pueda pedirles cuenta, en franco desafío a la paz y la libertad en el mundo.

Así las cosas, viendo cómo antiguos poderes mundiales se doblegan ante el abrumador imperio que hoy domina al universo conocido, sólo queda esperar que la imperial mano de hierro empuñe, de una vez por todas la tea e incendie el planeta que habitamos, lo que puede hacer Estados Unidos cuando le venga en ganas, porque dispone de todos los medios necesarios, sin que poder alguno pueda impedirlo.

Motivos habrán siempre para iniciar guerras, el más urgentes es asegurar que una inversión bélica, tan costosa y destructiva, no permanezca ociosa, oxidándose, los inventarios de cartuchos y ojivas dañándose, será precio mantenerlos en costoso ambiente acondicionado, bien cuidados constituyendo un gasto permanente y considerable, sin que se pueda recuperar el valor invertido en ellos, a menos que se utilicen. El costo comercial y el valor invertido en esos artefactos bélicos es uno de los principales motivos de la guerra, la guerra es imprescindible para reponer inventarios y destinar al frente la carne de cañón que sobre y llega a exceder el nivel aceptable en toda sociedad; esa pléyade de vagos, que viven del Estado, sin que exista medio alguno de dedicarles a otra actividad que no sea pelear, hay que mandarlos al frente.

Los gobiernos que se creen soberanos, tienen serias obligaciones contraídas con el imperio que administra y maneja la bodega mundial; casi todas las naciones le deben al dólar, están anotadas en el libro de cuentas a cobrar y una forma de pagar es dando apoyo bélico o aportando carne de cañón al insaciable boa que devora la parte sobrante de la humanidad.

Quizás, antes el indiscutible poder hegemónico, se piense enfrentarle bélicamente como hace hoy el Islam, a un costo inconmensurable de vidas y bienes, costo que no habrá de subsanar, en modo alguno, daño sufrido en una conflagración bélica.

Los atentados y represalias armadas podrán tener momentáneo poder de disuasión, que contrarreste y hasta desplace la ofensiva militar existente, pero la liberación del dominio imperial no se logra con armas, como no se logró desplazar el imperio romano con acciones bélicas, ni podrá doblegarse con armas la ideología islámica.

La guerra nunca resuelve nada.

La razón siempre se impone a la fuerza, el león, el tigre y otras fieras son más fuertes que el hombre, están dotados de dientes y garras que el ser humano no tiene, el hombre les supera en inteligencia y astucia, cuando quiere atrapar una fiera le atrapa y hasta le amansa y transforma en su amiga.

El mundo no debe salirle bélicamente al frente a un poder tan arrollador como el de Estados Unidos, tampoco hacerle el juego uniéndose a él, como recomienda Maquiavelo; la razón es siempre indoblegable, pertinaz y mundo testigo, el mundo ve con desdén todo abuso de los poderosos; desdén indiferente y espontáneo, más destructivo que una bomba nuclear, su efecto es irresistible, todo poder sin razón es insostenible, más aún si se ejerce abusivamente.

La humanidad estima más ilustre y bien ganado blasón, ser sufrido que ser fuerte. Nadio oea comparar al Cid Campoador con Sócrate que andaba descalzo. Los mártires transforman al mundo. Mahatma Gandi liberó la India del poder más grande que existía, sin tirar un tiro.