El Cardenal y el Concordato Constantiniano

La reciente polémica sobre la validez constitucional del Concordato celebrado por Trujillo con el Estado Vaticano, en la cual el Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez manda a los evangélicos a reclamar sus derechos  al Polo Norte (¿ dónde Santa Claus? ) tiene realmente, como él afirma, algún sustrato de ignorancia .

Ignorancia que proviene, no del desconocimiento de que existen más de 40 concordatos firmados con diversas naciones, como afirmó el prelado,  sino del olvido del origen del poder de la Iglesia Romana, del   nacimiento mismo del cristianismo que tuvo su arranque institucional en el “Concordato de Constantino”, que en el año 325 firmaron los Obispos cristianos con el Estado Romano, con el Imperio .

En aquella época los Obispos (como pasó con la izquierda dominicana), sin cuartos y hartos de discutir entre ellos tratando de imponer  la validez de  su particular  interpretación de los Evangelios (de Marx y sus apóstoles), y además, asediados por las persecuciones  que le hacían los paganos del Imperio Romano ( la CIA) que no le sacaban el guante, otearon horizontes propicios de progreso y optaron por negociar con el Emperador Constantino (Balaguer).

Constantino , que no era ningún bobo, que había llegado a las más altas esferas políticas y militares  del Imperio más grande de la tierra, vio en los Cristianos, ya muy numerosos y con fama de honrados, unos buenos aliados políticos que, de tenerlos a su favor, le serían muy útiles para ayudarlo a consolidar su mandato (con el vuelve y vuelve) , amenazado entonces por otros Augustos y Césares romanos (del PRD, PLD)

Es famosa la batalla contra Majencio (del 313) donde Constantino, guiado por celestial visión, decidió  usar la Cruz de Cristo (como Balaguer a Tatica) en los escudos de sus soldados y así vencer al enemigo.

 Por ese entonces Constantino era enllave de Obispo Osio de Córdoba (¿) y su canchanchán el erudito Eusebio de Cesarea, y trabajaron juntos hasta que  lograron su propósito de unir la Iglesia con el Estado bajo el “Concordato de Constantino” o el “Concordato de Nicea’, como usted quiera llamar a aquel conciliábulo político-religioso (no concilio).

En aquel Concordato (como en éste) la iglesia fue ampliamente privilegiada, aventajando a las otras religiones que  profesaba  el Imperio; se le regalaron propiedades valiosísimas (como las incautadas a la Gens de los Luteranos, en la que gozosos  se instalaron muy orondos), y además se incluyeron muchos Curas en la nómina del Estado (ya muy abultada, según dicen los opositores del Emperador) , y hasta se les permitió a los Obispos a administrar justicia civil y confesar y perdonar a los soldados .

Realmente no sé si, como ahora, le dieron rangos de centuriones y capitanes  a aquellos santos de Dios, y para librarlos de todo mal le asignaron también, no pistolas, sino Gladios romanos para combatir al mismísimo Diablo.

Definitivamente ,la Iglesia se había sacado el Loto de Roma (mucho mejor que la de N.Y.), se había enganchado al “establisement” como dicen ahora (‘per secula seculorum’) y no serán ustedes amigos evangélicos dominicanos (canes de Dios) quienes la van a desprender de la Ubre del Estado; Ubre que una vez estuvo amamantando, como loba, a unos mellizos, con tan buena leche, que fundaron un gran imperio, el Romano.

Así los Obispos dejaron rebuznando a los burros en su bruteza plebe,  que les dejó Jesús , para encaramarse en los lujosos carruajes del Circo Romano ( ya clausurado) , sobre  su pomposa pompa,  hechizados por los briosos caballos triunfadores de la cuadra de Constantino el Grande .

Tanto así, que nada menos que Elena la misma madre del emperador, enllave de aquellos Obispos, encontró la ‘Vera Cruz’ en la que crucificaron a Cristo durante  una visita que su hijo le pagó  a todos con los dineros del Estado para que se fueran de vacaciones a Jerusalén a rezar como buenos cristianos.

No se imaginó la señora Elena que por esa  Cruz  (al igual que aquella  otra Elena) se armaría otra  Troya  presidida  por el necio de  Lutero. Porque esa Cruz luego sería despedazada y vendida en astillas y relicarios, en tal cantidad señores, que con tanta madera pudo haber hecho el Noe Bíblico como ochenta o cien Arcas para meter, no a dos, sino familias enteras de animales .

Pronto veremos a  los evangélicos del CODUE con su Mago Benny Hinn (Simón) montados en un bello Trineo jalado por unos flacos perros, yendo hacia el Polo Norte (donde los mandó el Cardenal ) , con un vademécum debajo de los brazos (sin mal olor alguno) para entrevistarse con  Santa Claus (supremo congelador de expedientes y dictador y único habitante del Polo Norte donde no  funciona ni la brújula) para  pedirle , como buen Evangélico Protestante que es, que anule el Concordato del Estado Dominicano con la Iglesia Romana .

 Pero señores Evangélicos , no le vayan a pedir  a Santa que anule el de Nicea, no sean imprudentes e ignorantes, porque ese ‘Concordato de Constantino’ fue el que resucitó al cristianismo y permitió que hoy a ustedes, aunque  jodidos en suprema instancia  , también se les llamara , no sólo ignorantes , sino también Cristianos.

En síntesis

El concordato de los comienzos

El concordato de Constantino fue el que resucitó el cristianismo. En el año 325 este emperador  romano vio que los cristianos, que ya eran numerosos y  honrados, podían convertirse en unos buenos aliados políticos y que tenerlos a su favor le habría sido útil para consolidar su mandato. En virtud del tratado, la Iglesia fue ampliamente privilegiada.