El celo profesional

El médico que inyectaba un anestésico general   a Michael Jackson ha caído en un abismo de descrédito y cuestionamiento profesional del cual es difícil que salga alguna vez.

Ahora tenemos médicos generalistas o de familia, especialistas, subespecialistas y súperespecialistas y hemos llegado  a la peyorativa descripción de “especialista del dedo gordo del pie derecho, subdivisión parte anterior de la uña” con honorarios profesionales  más grandes mientras más pequeña es la parte del cuerpo humano con la que el médico trabaje, desarrollándose un excesivo celo profesional justificado en una supuesta mejor atención por el especialista adecuado.

Si, por desgracia, ocurre, como en el caso de Michael Jackson, que los resultados no son favorables, los profesionales afectados, no solicitados o consultados, desatan una verdadera guerra a muerte contra los violadores de la ética. Por eso el Dr.  Steven Shafer despellejó públicamente y con saña al Dr. Murray, cardiólogo que atendía a Michael Jackson por tratar el insomnio de éste con el delicado propofol sin adoptar las medidas anestesiológicas elementales para su uso. Muchos cirujanos plásticos vomitan fuego contra cirujanos generales, ginecólogos y médicos de otras especialidades que hacen cirugía estética, lo mismo que algunos  ginecólogos hacen cuando otros especialistas sacan fibromas, operan ovarios o corrigen trastornos de la estática pélvica.

Celo profesional justificado, más que por ética, por razones económicas. La enseñanza es no penetrar en el campo de especialidades que no se han estudiado, pero, si se comete el error de hacerlo, debe procurarse que el paciente no sea tan rico y famoso como Michael Jackson para no concluir la carrera de médico condenado por un juez o masacrado por el celo profesional.