El cemento de la cohesión social

Este artículo nace de un intercambio con estudiantes de Postgrado en un Seminario sobre Economía Dominicana. Con ellos discutía la posible importancia para el proceso económico de algo tan incorpóreo como la cultura, de la cual no hay buenos indicadores, pero sí fascinantes hipótesis sobre por qué sucede lo que sucede.

Por eso Landes suena algo anticuado cuando al terminar su obra sobre la riqueza y la pobreza de las naciones afirma que si se puede aprender algo de la historia del desarrollo económico es que la cultura “hace toda la diferencia”. Con su prosa mordaz reconoce que la cultura, en el sentido de que los valores internos y las actitudes guían la conducta de la población, “apesta tanto que aterra a los especialistas”. Curiosamente cualquier antropólogo, educador o sociólogo se asusta ante este desprecio de la cultura como determinante histórico. Asombro de unos por algo que no es fácilmente medible, asombro de otros por tanta incomprensión de la conducta social. Reconozco que me inclino por Landes sin despreciar construcciones históricas econométricas tan llenas de variables confesadamente “mudas”.

Casi todos cuantos han estudiado los casos japonés, alemán, chino (emigrantes) y coreano, aceptan por lo menos dos elementos culturales importantes: fuerza motora del nacionalismo, ética de trabajo.

Pero en este artículo quiero presentar la tesis seminal de Max Weber sobre el origen del capitalismo, para interpretar el grado alcanzado de cohesión social en dos casos relativamente poco estudiados: el de los Estados Unidos, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, y el de Paraguay del siglo XIX. Primero, sin embargo, conviene presentar con alguna extensión el trabajo de Weber.

[b]1. El Capitalismo y las Sectas.[/b]

Las raíces de la tesis Weberiana hay que colocarlas en sus dos lecturas de la historia del capitalismo: su novedad como fenómenos económicos y la posible identificación del terreno donde prendió. La novedad se documenta fácilmente comparando su espíritu disciplinado y sistemático con la heroicidad y violencia de algunos capítulos de obtención rápida de ganancias enormes como las de Alejandro, Cortés y Pizarro. Disciplina y mejoría sistemáticas frente a violencia armada.

Weber opina que valores tan distintos a los operantes tuvo algo que ver con grupos e ideas aceptadas en el tiempo pero con orientación distinta. Para él, persona no religiosa personalmente, el terreno original del capitalismo era el religioso todavía no habían muerto las famosas “raíces religiosas” del hombre pero con una orientación distinta.

Frente a una religiosidad católica que acentuaba la redención de todos los hombres por la obra de Jesús el Cristo (capítulo 8 de la carta de San Pablo a los Romanos), Calvino, usando la misma carta (capítulo 9), defiende la absoluta libertad de Dios para salvar o no salvar, la imposibilidad de la persona humana para conquistar a Dios, y su radical corrupción: “el hombre no es pecador porque peca, sino peca porque es esencialmente pecador”. Lógicamente no puede saber el hombre si Dios lo ha “predestinado”.

En su angustia, Calvino diseña una ética extremadamente favorable al trabajo metódico y a la austeridad del consumo. El éxito en la actividad económica no es prueba de predestinación, pero sí su indicio esperanzador.

Muy interesante es la constitución de la Iglesia como “madre de los creyentes”, a la que uno es llevado por el bautismo. Sin embargo, la vida del cristiano se desarrolla en pequeños grupos, “sectas”, donde los fieles se conocen. En la secta se acepta por mayoría de votos y tras una prueba de más de un año a un segundo bautismo y se decide, igualmente cada año, si uno es admitido a la Comunión del Cuerpo de Cristo (la Cena del Señor).

El calvinismo se expandió por Suiza, Francia, Holanda, Hungría, Inglaterra (iglesias no conformistas), Estados Unidos y Canadá. En términos confesionales son calvinistas las iglesias presbiterianas y metodistas. En general estas iglesias mantienen el principio calvinista de la comunidad: cada una de las iglesias locales es Iglesia en su sentido pleno, y, por esto, no puede existir más que una alianza de iglesias locales totalmente independientes.

[b]2. El caso norteamericano[/b]

La independencia de las iglesias locales, sectas, ha ido reforzando a lo largo de la historia la importancia de la piedad sobre el dogma y una ética rigorista especialmente en el campo de la economía.

La ética calvinista practicada en los Estados Unidos en el siglo XIX por una iglesia local metodista contiene los seis capítulos económicos siguientes:

a) ¿Regachea precios al comprar o vender?

b) ¿Negocia con bienes que aún no han pagado impuestos aduaneros?

c) ¿Carga intereses más altos que los permitidos por la ley?

d) ¿Convierte su capital de inversión en riqueza personal (mansiones)?

e) ¿Toma prestado sin estar seguro de que podrá pagar?

f) ¿Consume bienes lujosos?

Además de estos preceptos éticos, conviene recordar que la comunidad vigila y castiga por su incumplimiento. Existe una verdadera presión social sobre los miembros de la comunidad.

Weber, en un largo viaje de más de seis meses a los Estados Unidos llegó a la conclusión de que, contrariamente a lo que podría suponerse de un país de inmigrantes de muy diversos países, la democracia norteamericana no estaba constituída por montones sin forma de individuos aislados (como los campesinos en el Dieciocho Brumario de Marx), sino no más bien por un ebulliente complejo de asociaciones estrictamente voluntarias pero excluyentes. Estas asociaciones estaban lejos de abrir sus brazos a todo el mundo.

Quien quiera ser aceptado en esta sociedad, política, social o económicamente tiene, como regla, que haber sido aceptado por votación en sectas, clubs (de leones, rotarios, masónicos…), asociaciones de recreación. Tiene además que mostrar socialmente que sigue siendo un “caballero”. Weber concluye de los aceptados: “soy un caballero garantizado por largas investigaciones y exámenes que tiene pruebas de su membresía”. Esta es la garantía que ofrece el miembro de una secta: es persona confiable con la que se pueden hacer negocios aun cuando apenas se la conozca.

Nadie negará que al ir perdiendo savia la religiosidad social y al ir avanzando el proceso de secularización, la aceptación por exámen y votación a una secta o Iglesia va siendo sustituída por la aceptación voluntaria en múltiples grupos. El principio, otra cosa es la motivación, es el mismo: la aceptación tras prueba y voto a una organización excluyente es el cemento de la cohesión económica; sin ella no hay garantía de responsabilidad. Aun las actividades de mercado suponen un reconocimiento previo de credibilidad.

Naturalmente, el análisis religioso de Weber puede ser discutido.Tawney cree que ya en el siglo XVI la influencia religiosa había perdido importancia social en Europa. Pero él mismo concede a los calvinistas que su ética les dio un sentido de dignidad y respetabilidad que los hizo fieles generación tras generación a la tarea de acumular riqueza y experiencia. Idéntico resultado pero distinta motivación.

Eclécticamente concluye Landes: ” El centro del tema descansa ciertamente en la formación de un hombre nuevo: racional, ordenado, diligente, productivo. Virtudes viejas pero no comunes.”

El protestantismo calvinista las generalizó entre sus creyentes que aprendieron a juzgarse uno al otro por su conformidad con ellas.

[b]3. El Paraguay de los Francia y López[/b]

Tras su independencia subió al poder en Paraguay el doctor Gaspar Rodríguez de Francia, un abogado fanático de la igualdad social. El país tenía una mayoría de indios guaraníes cuyos padres habían sido socializados en la cultura cristiano guaraní de las Reducciones de los Jesuítas.

Para evitar la sumisión guaraní a la aristocracia criolla, Francia desarrolló una política basada en tres ejes: trato social privilegiado a los guaraníes (a los que recibía con suma deferencia mientras se mostraba desdeñoso con los blancos ricos), prohibición de casamiento de los blancos entre sí, creación de una cultura guaraní espartana basada en la enseñanza primaria universal, en la disciplina y el valor.

Los sucesores de Francia, López padre e hijo, contrataron 200 expertos europeos para la construcción de un ferrocarril, una fundición y una armería. Buscaban también una cultura industrial de tipo bélico.

Este intento consciente de crear desde arriba una cultura nueva contaba en su favor con la existencia de una población indígena orgullosa y educada. De hecho, algunos de los valores y actitudes, los relacionados con la educación militar, se probaron en la práctica durante la guerra contra Argentina, Brasil y Uruguay, llena de heroicidades que redujo sensiblemente la población de Paraguay tal vez en un 70%.

Los paraguayos afirman que también en lo que a autoestima e igualdad racial se refiere, la campaña cultural de los Francia y López, sesenta años, ha dejados claros efectos. Pero en el fondo estas características sociales están ligadas o pueden estarlo con los militares, como atestiguan Esparta, Macedonia y Cartago.

La cultura económica propia del capitalismo es definitivamente más difícil de alcanzar. Paraguay no llegó tan lejos.

La moraleja es fácil: es posible crear en relativamente poco tiempo valores y actitudes belicistas y nacionalistas; no una cultura económica de confianza mutua, cemento de la cohesión social.

[b]4. República Dominicana[/b]

Cuando leía a mis estudiantes los puntos de exámen de los metodistas, confieso que me sentí sorprendido por el espíritu festivo con que fueron escuchados. Pensé que estando expuestos a una cultura tan carente de principios éticos económicos de cierta sofisticación, excepto quizás el robo abierto, no dan importancia a dimensiones éticas “sutiles”.

Posiblemente sea más interesante examinar con Rose Ackerman el tipo de confianza requerido en las transacciones económicas. Esta confianza en las relaciones interpersonales puede ser dividida en a) general, actitud que no necesita una evaluación concreta de la situación; b) confianza en una persona determinada sea por cualidades morales o psicológicas; c) confianza mutua de los participantes en una transacción.

Hasta ahora he supuesto que el punto débil de las relaciones interpersonales dominicanas, especialmente en las relaciones personas representantes del Gobierno, es el predominio del tipo de confianza en una persona por amistad o familia. He supuesto, en cambio, que en estos tiempos de supermercados y tarjetas de crédito, podía suponer la confianza mutua entre participantes en actividades de mercado. Temo que me equivoqué. Pero los problemas no dejan de existir porque no nos agraden.