El cerebro del líder

JOSÉ SILIÉ RUIZ
“The Leader’s Brain:” es el título de la más reciente y exitosa obra que sobre este tema se publica en Estados Unidos, de la autoría del Dr. Bastiaan Heemsbergen, prominente psicólogo, experto en el campo del liderazgo.

A finales del año pasado habíamos escrito sobre el tema, creo que si lo hubiéramos publicado en esa fecha, “talvez” fuera  hoy otro “Best seller”. La pasada semana comentamos que somos furibundos admiradores de la inteligencia, la elocuencia, y el pensamiento lógico superior, lo que reiteramos, y veamos el por qué.

En este libro recién publicado, el autor considera que lo más importante en el cerebro de un líder, no es lo “que” piense, sino que lo más  válido, es “cómo” ese líder piensa. Hace una conexión con el uso de todos los sentidos en la adquisición de información consciente o no, que nos ayudará a todos en el liderazgo; pero que hay dos elementos vitales que son de muy difícil obtención: el carisma y la empatía, componentes fundamentales para un liderazgo realmente  trascendente y efectivo, en este complejo y volátil mundo que estamos viviendo.

En la escala biológica, uno de los principales mecanismos que hace superior al hombre, y nos diferencia de los animales, es la palabra. Entre las funciones cognitivas más  superiores están el pensar y el hablar. ¿Hemos de pensar primero y luego hablar? Así reza un viejo consejo. Pero solo en el proceso de la comunicación surge nuestra concepción del mundo y se configura la estructura de los procesos mentales. Para la mayoría de los investigadores, nuestro pensamiento se sostiene primeramente en el intercambio del lenguaje y repercute de modo vital en nuestra forma de pensar. Pasa con los “niños salvajes”, que si no aprenden una lengua, pueden perder la total capacidad de hablar. Existe en neurología el caso de la niña Gini, la cual sufrió el peor de los castigos, un aislamiento absoluto, fue descubierta a los 13 años, y no logró nunca la recuperación del lenguaje y mantuvo un coeficiente intelectual muy bajo. Este es uno de los casos más evidentes para demostrar la importancia de la influencia del lenguaje en el pensamiento.

Si se pudieran resumir las condiciones de un líder, lógicamente estarían: inteligencia, carisma, perseverancia, valentía, sabiduría y manejo de la palabra. El listado sería muy amplio, si aceptamos todas las escuelas que han hecho sus aportes en el estudio del cerebro de los líderes. ¿Qué de diferentes tienen los cerebros de los líderes, con el resto de la población? Físicamente ninguna, pero “ejecutivamente” muchas: la decisión de “ser”, porque junto a esa fortaleza de personalidad, se suponen que deben haber elementos de inteligencia, sabiduría, y el aprovechamiento lógico de las circunstancias  a su favor.

Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, o un sentido, nosotros lo vivimos, lo experimentamos, como la absoluta realidad. Estamos seguros de que eso es así sencillamente porque lo vemos, sin ser conscientes de que lo que estamos viviendo. En ese mismo cerebro hay una instancia que, sobre la base de experiencias anteriores y de sus intereses, analiza todas las informaciones antes de abrirles paso hasta la conciencia y las filtra después según el objetivo. Se trata del hipocampo, una unidad de control perteneciente al sistema límbico. Este último sabemos controla en primera línea, nuestros comportamientos afectivos. Pero el hipocampo adopta en el cerebro la función de “administrador central del conocimiento”,  junto a la corteza prefrontal que nos da la inteligencia. Si aceptamos la teoría de la relación del lenguaje y la buena expresión con la inteligencia, la que de forma directa se relaciona con una mente abierta, la capacidad para transmitir ilusiones, coraje para mantenerlas y pasión para hacer crecer las instituciones, tendríamos que aceptar que toda entidad (familia, empresa, Estado) necesita por igual de un “administrador central con gran conocimiento”. Cualquier parecido con un gran líder (inteligencia, carisma, locuacidad) es pura coincidencia.