El cerebro, pensamos en ¨dominicano¨…

Este “conversatorio” corresponde a la última entrega que sobre el pensamiento, la  educación y el funcionamiento cerebral  hemos tratado en los últimos domingos. Uno de mis admirados, el Dr. Mario Bunge, prominente filósofo argentino que labora en Canadá, en su obra ¨El problema mente-cerebro¨ describe las diferentes teorías que existen en la actualidad  para dilucidar sobre uno y otro, dónde se inicia la complejidad de la introspección, dónde reside eso que algunos llaman “espíritu”, otros “juicio”, y así numerosos enfoques dependiendo de nuestras creencias y concepciones filosóficas. Por razones lógicas de espacio, no podemos enfocar todas las teorías que sobre “ el pensamiento” existen hasta hoy, por eso lo recomendamos.

En dicho libro, él hace un enfoque muy organicista del pensamiento. En la introducción de la obra señala un interés que compartimos plenamente  por igual: “Es hora de que se forme una vigorosa escuela psicobiológica en la comunidad hispanoamericana: una escuela  que ponga en práctica el programa de Cajal, de estudiar el espíritu en la materia”. Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) médico investigador español, hizo estudios fundamentales para comprender la histología de las neuronas, fue Premio Nobel en el 1906. Con el lenguaje llega el enriquecimiento de las experiencias y su recuerdo. Normalmente ocurre entre los 1 y 2 años de edad, de ahí la importancia de iniciar con criterios estimulantes la educción de todos los niños, de ese tiempo temprano dependerá su desarrollo  ontológico. Es la educación en todas sus variantes  formadoras, lo importante.

Trabajos publicados el pasado año en Biological Psychology journal, la profesora Alice Mado Proverbio, describió los encuentros de su investigación realizada con un moderno equipo de electroencefalografía y la computadora, donde valoraron la capacidad de discriminación y el uso del lenguaje en un grupo de traductores de la ONU, que manejaban de manera diestra varios idiomas, todos eran italianos. El experimento consintió en mostrar imágenes y palabras en los diferente idiomas que manejaban, concluyendo que tomaban cerca de 170 milisegundos para que el cerebro reconociera las palabras del primer idioma o lengua materna, las que detonaban áreas con una actividad eléctrica mayor. Nos confirmó algo que sí se sabía y era que las  personas “piensan” en el primer idioma aprendido en la infancia. Como neurólogo, tenemos tres casos relacionados que al momento estudiamos, son  pacientes de origen cocolo de Samaná, educados inicialmente en inglés, los cuales han sido evaluados por nosotros por Alzheimer, le hemos pedido que en cada visita me traigan por escrito  cómo se han sentido con el tratamiento. La última, con la que hemos hecho la mayor empatía, la estamos manejando con Nootropil y Exelón. Hemos podido apreciar que las primeras cartas antes del inicio de tratamiento, eran unos jeroglíficos en inglés que no pudimos entender, y al paso de los meses ha habido cambios dramáticos, no sólo han restablecido todos su bella caligrafía “Palmer”, sino que tardíamente han vuelto a escribir en español, la segunda lengua aprendida. Nos confirma encuentros similares con la investigadora, nuestros pacientes con deterioro cognitivo por Alzheimer. Quizás mañana veremos trabajos similares publicados en alguna revista, firmados por el “Dr. Chufling” y no por su amigo neurólogo,  el Dr. Silié Ruiz.

Nuestros descendientes vivirán en una sociedad cuyo nivel intelectual logrará avanzar  como nosotros con respecto al de nuestros antepasados. El hecho es, que el cerebro al igual que todo sobre este mundo evoluciona. Desde el hombre de la edad de piedra hace 30,000 años, hemos logrado progresos  que son evidentes, esto obedece a que el cerebro ha mejorado, y lógicamente lo aprovechamos mejor.

Hoy tenemos la oportunidad de enseñar cómo “pensar” a una parte mucho más grande de la población. Demostrado está que todos los seres humanos somos    mucho más susceptibles de mejoramiento, aún sea pensando en “dominicano” o en inglés,  somos todos iguales, pero se necesita del estímulo, el mejor y más seguro,  la  permanente educación basada en motivación.