El cerebro y la neuroética

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Se reunió en Buenos Aires, Argentina, un selecto grupo de los neurocientistas más prominentes de los que trabajan en los aspectos cognitivos de la conducta humana. En la oportunidad, fue el Simposio Internacional de Neurociencias Cognitivas y Neuropsiquiatría, organizado por el Instituto de Neurociencias Cognitivas (INECO). Esta institución está dirigida por el neurólogo argentino,  mi buen amigo, el Dr. Facundo Manes, quien amablemente nos invitó a dicho evento científico.

Tratar de resumir el pensar y la discusión de toda una vida de la filosofía mundial, es la eterna disputa, de si lo ético se inicia o no con nuestros antecesores antropoides, no es tarea fácil, creemos que es más bien colosal, el de reconocer que esas acciones éticas son propias del humano, e iniciadas por el hombre mismo. Esta temeraria tarea, la vamos a resumir en que sí, la ética humana, es meramente humana, por los millones de años que nos separan de  esos ancestros animaloides, nuestra conducta es puramente humana y los códigos cerebrales  que le dan origen son sólo propios de los humanos. Aún reconociendo que los sentimientos pueden haber sido un cimiento necesario para los comportamientos éticos, mucho antes de la época en que los seres humanos empezaron siquiera la continuación deliberada de normas inteligentes.

El Dr. Antonio Damasio, neurocientista, nacido en Lisboa, quien dirige el Instituto Neurológico de la Emoción en New York, opina que la ética humana tiene un grado de complejidad que la hace solo humana, el refinamiento es humano, y los códigos cerebrales con los que expresamos nuestra conducta ética son humanos. El término neuroética se atribuye al filósofo William Safire, que la definió como: “el campo o rama de la filosofía que discute lo correcto e incorrecto  de un tratamiento de la potenciación de, el cerebro humano”.

La agresividad, la empatía, la preocupación por los  demás, el altruismo, la ética y la moral, son engranajes centrales de la vida en sociedad. En los últimos años hemos empezado a desentrañar estos complejos procesos cerebrales y cognitivos, que nos vinculan con nuestros semejantes y  la sociedad. El primer eslabón para el comportamiento moral es la empatía. “La chispa de la consideración por los demás” la define Jeam Decety, editor jefe del Journal of Social Neuro Science, de la Universidad de Chicago. Por qué es tan importante este sentimiento para convivir, esa habilidad de compartir y apreciar los sentimientos de los otros? Es el cemento, donde se instituirá la cohesión social y lo que nos guía a comportarnos moralmente.

Tanto la moral, como la empatía son productos de la evolución; la  última, la compartimos con  los mamíferos y surge temprano en la vida, ambas tienen relación my estrecha con la plasticidad cerebral, que es la capacidad de las neuronas de “aprender”. Tanto el sentido de la empatía como el de la moral, pueden modificarse por las experiencias tempranas, la cultura y la educación. Decety descubrió y pudo demostrar que sólo bastan 2.2 segundos para que se active la región del córtex pre frontal que regula la conmoción de la ínsula. La corteza pre frontal es la soberana que controla y evita que las emociones se vuelvan demediadas; la ínsula es el centro que procesa los sentimientos viscerales. Hagamos esfuerzos por ser más éticos y  mesurados  en  nuestro  humano proceder.