El clamor de los porcicultores

El Gobierno ha puesto gran énfasis en dar apoyo a los productores agropecuarios del país. El Presidente Danilo Medina ha dedicado atención personalizada a las necesidades del campo y ha impuesto un estilo muy particular para ir en auxilio de los productores. Como parte de esta política, la fluidez del crédito para la producción ha batido todas las marcas de administraciones anteriores. Pocas veces el campo había recibido del Estado tanta atención efectiva como ahora.

Sin embargo, no todo es color de rosas y hay productores que se quejan porque se sienten perjudicados por importaciones de renglones para la industria que abundan en nuestro país. Ese es el caso de los porcicultores afiliados a la Asociación Dominicana de Granjas (Adogranja), que alegan que están siendo seriamente afectados por las importaciones de derivados cárnicos para la industria, la manera en que son adjudicados los contingentes arancelarios y la falta de aplicación de las medidas de salvaguardia del DR-CAFTA, entre otras cosas.

La queja está contenida en una carta pública dirigida al Presidente Danilo Medina, que fue insertada ayer en espacio pagado en este y otros medios de comunicación. Así como se protege a los productores agropecuarios, los porcicultores merecen que se atienda su queja y se corrija cualquier situación que indebidamente esté afectando sus intereses.

NUESTROS RÉCORDS OMINOSOS

Ocupamos el segundo lugar en el mundo en número de muertes por accidentes de tránsito y estamos entre los primeros once países de Latinoamérica con mayor tasa de homicidios. Somos la novena nación en esta misma región con mayor venta de medicinas falsificadas o alteradas. En tráfico de drogas no nos podemos quejar. Y aunque no tenemos a la mano una medición exacta, nos atrevemos a afirmar que en violencia de género, incluyendo feminicidios, pocos nos pisan los talones.

También nos disputamos con otros países de la región los primeros puestos en inseguridad, y el representante local del Banco Mundial nos cataloga entre las naciones con más desvíos presupuestarios pecaminosos. Por cierto, el Procurador General de la República teme que sucumbamos bajo el peso de la corrupción en caso de que la justicia no cumpla su deber. ¿Qué más puede necesitar un país para hundirse?