El clamor de Santiago

La presencia en Santiago de un número creciente de indocumentados haitianos, que viven hacinados en cordones de miseria,  ha motivado un clamor de por lo menos 65 entidades  aglutinadas en el Consejo de Desarrollo del Plan Estratégico de esa ciudad. El reclamo es que el Gobierno haga funcionar los controles fronterizos para impedir el intenso tráfico de indocumentados que se cuela  por allí y se ha dispersado por todo el país.

Es oportuno señalar que se trata de un viejo clamor, al que las autoridades no han hecho caso. No es la primera vez que organizaciones empresariales, profesionales, comunitarias, públicas, de la sociedad civil y de otras índoles se pronuncian, sin lograr resultados positivos, para pedir que el Gobierno haga sentir que tenemos reglas migratorias que se hacen respetar. El número de pedigüeños en las calles y de gente hacinada en torno a la ciudad de Santiago atestigua que es nulo el caso que se le hace al reclamo.

 Las autoridades tienen que tomar en serio estos llamados, en el entendido de que las diferencias de comportamiento social y la participación cada vez mayor de haitianos en hechos delictivos está abonando actitudes de rechazo que no tienen nada que ver con racismo. Es hora de aplicar la ley migratoria y su reglamento, con respeto pleno de todos los derechos habidos y por haber.

Prevención epidemiológica

Las autoridades sanitarias harían bien con orientar con más énfasis a la población sobre la manera de prevenir enfermedades, sobre todo las  infecto contagiosas. En un informe reciente de la Dirección de Epidemiología se afirma que la gripe H1N1, el cólera y el dengue son las  principales enfermedades que mantienen un flujo intenso de pacientes hacia los hospitales, con balance de pérdidas de vidas.

La mayor incidencia se ha registrado en el municipio de Tamboril, el Distrito Nacional, las  provincias Duarte, Hermanas Mirabal, San Cristóbal, Valverde, La Vega, Santiago, Santo Domingo, Distrito Nacional, María Trinidad Sánchez y Monseñor Nouel. Se reconoce que las autoridades mantienen una vigilancia epidemiológica constante, pero ha sido débil la campaña que enseñe a los ciudadanos a evitar contraer estas enfermedades. La prevención sigue siendo la mejor de las medicinas.