El  ColeActivo: una exposición que requiere múltiples miradas

La exposición del ColeActivo, en la Galería Nacional de Bellas Artes  es no solamente rica, sino compleja, requiriendo múltiples miradas, sino más de una visita para captarla completamente. Ese “Equipaje compartido” puede considerarse como uno de los importantes eventos internacionales del año, sumando a decenas de artistas, entre los dominicanos, los puertorriqueños y el francés guadalupeño.

Hemos dedicado ya comentarios parciales a los expositores del ColeActivo, pero queremos reiterarles felicitaciones conjuntas por su calidad ascendente y añadir una nota particular a las dos obras destacadas de la muy prometedora Citially Miranda con sus materiales y procedimientos mixtos, perfectamente integrados. Entre las fotografías, ahora muy presentes y de mensaje interesante, una mención especial  para Victoria Suarez y su tríptico de “Raíces”.

La muestra de Puerto Rico.  Puerto Rico es en arte uno de los países más dinámicos del Caribe y América Latina, en continuo avance –¡aunque se autocritica mucho!–, tanto en la diversidad de estilos y la estética como en el dominio de las técnicas y de la factura. Esta representación inteligente de la Galería Guatíbiri, que adrede agrega a talentos emergentes unas cuantas personalidades magistrales, corresponde a su nivel y reputación.  Así, nos sorprendió –y lo aplaudimos– encontrar aquí a Antonio Martorell, Carlos Raquel Rivera, Nelson Sambolín y Rafael Trelles: es un loable fenómeno de compenetración. Y hay algo más respecto a los jóvenes, se observa en ellos una formación sólida, que les permite utilizar la academia… para superarla en expresiones contemporáneas. En síntesis, el conjunto puertorriqueño se impone como “otra” colectiva, con participaciones individuales muy notables, entre ellas la gráfica, legado del maestro Lorenzo Homar y que nos recuerda las primeras ediciones de la Bienal del Grabado…

Espacio,  nos limitaremos a breves palabras, aunque prácticamente cada obra ameritaría un análisis, en particular la pintura, el dibujo y el grabado.

Los más destacados. Entre los que más retienen la atención, con pinturas y/o dibujos, están Roberto Silva –de aguda expresión crítica, magnífico dibujante y colorista–, William Bass Morales –impecable y sintético “carretillero”–, Luis Morales y su paisaje de casa abandonada y “graffitada”, y Julio Carreras con su mosaico de refinadas, satíricas y neo-surrealistas “Alimañas”.

La escultura “Evolución” de Josué Colón propone una secuencia ejemplar de pequeñas tallas en madera, ¡mientras  las grandes y abigarradas instalaciones de pared de Elsa María Meléndez cosen y ensamblan trapos de color.  El grabado  testimonia  que en Puerto Rico –¡cuánta envidia!– el grabado y la estampa sobreviven a la era digital y  demuestran sobrada calidad, sintiendo nosotros en los autores el placer del oficio. Este dominio lo manifiestan Zynthia Vázquez, Grimaldi Báez, Víctor Lugo – una mandala/laberinto impresionante–, Meri Montalvo, José Ortiz y el Club de Grabado, que continúa vigente y valiente.

Esperamos pues que la Galería Guatíbiri vuelva a exponer entre nosotros…

El escultor François Piquet, profesor, gestor de grupo, creador, viene de Francia metropolitana, pero eligió al Caribe y a Guadalupe. Nos alegramos de que Ana de León  lo haya invitado y que la dedicada Chantal Campos lo haya hospedado en Guayacanes,  los niños del batey habiendo colaborado con el artista.

Él está representado por una escultura-instalación de textiles, multicolor, barroca, estigmatizando de un modo a la vez surrealista y expresionista, la esclavitud, la explotación, la represión, que golpea hoy al emigrante: es ciertamente una obra impactante. Ahora bien, aunque conceptualmente se entienda, no “congeniamos” con el amontonamiento de ropa vieja, un facilismo que no va con el métier y la creatividad de su autor.