El déficit público estadounidense

De acuerdo al último informe de “Perspectivas de la Economía Mundial”, publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en abril de 2009, la mayoría de las economías enfrentarán significativos déficits fiscales en lo adelante. De forma paralela, la Oficina Presupuestaria Congresal (CBO) en Estados Unidos presentó sus proyecciones económicas sobre el impacto de la actual crisis financiera en las cuentas fiscales de ese país, que representa casi la cuarta parte de la economía mundial, y los datos no son nada alentadores.

Primeramente, resalta la cifra del persistente déficit público norteamericano, que en 2008 cerró en 459 billones de dólares (cifra de 9 ceros). Y, lo que es peor aún, la estimación para 2009 alcanza el impactante número de US$1.8 trillones (12 ceros). Esta suma de por sí ya es gigantesca, dado que representa el 12.9% del Producto Interno Bruto de ésta nación sin considerar el plan de estímulos propuesto por el presidente Barack Obama para enfrentar la crisis aprobado por 838 billones de dólares.

El déficit presupuestario del Gobierno de Estados Unidos totalizó 94,300 millones de dólares en junio de 2009 y, según el Departamento del Tesoro de EE.UU., superó por primera vez la marca del billón de dólares en lo que va del año fiscal. Ya en junio de este año, el déficit ha subido a un total de 1,086 billones de dólares. Sin embargo, en el mismo periodo del año fiscal 2008 el déficit sumaba 285,851 millones de dólares.

En el curso de los 12 meses pasados, el Gobierno devolvió impuestos por unos US$150,000, desembolsó US$700,000 millones en socorro del sistema financiero, aprobó más de US$20,000 millones para el sustento de Chrysler y General Motors, y puso en marcha un estímulo económico inicial de US$787,000 millones, mientras sufraga el gasto de dos guerras. La economía de Estados Unidos se contrajo a un ritmo de 5.7% en el primer semestre y el consumo, motor de la economía estadounidense, sigue  flojo.

La explicación.  La crisis financiera en las cuentas fiscales norteamericana, tiene varias explicaciones. Pero, en esencia, más bien se citan las crecientes obligaciones ocasionadas por la seguridad social y las prestaciones de salud (MEDICARE). Según The Economist, éstas últimas han aumentado, sólo en el último año, del 45 al 54% del PIB. Así, estos crecientes requerimientos han tenido que financiarse a través de deuda soberana del Gobierno estadounidense, lo cual ha sido posible gracias a su condición de deuda “exenta” de riesgo.

Según el expresidente de la Reserva Federal (FED) Alan Greenspan (2007) en su libro “La Era de las Turbulencias”, el financiamiento de la deuda estadounidense ha sido impactado con la disminución del llamado “sesgo doméstico”, que lo conceptualiza como la tendencia “provinciana” de los inversores a colocar sus ahorros en el país de origen, aunque ello implique dejar pasar oportunidades extranjeras más rentables. A la cifra del déficit publicada, es preciso sumar todavía los más de US$800 billones ya aprobados por el Congreso de éste país en 2008 para hacer frente a los problemas de su sistema financiero a través de capitalizaciones a bancos, compra de activos tóxicos, así como también los préstamos y líneas de crédito para apoyar con la liquidez necesaria a su industria automotriz.

Por otro lado, es preciso resaltar que vía política monetaria la Reserva Federal norteamericana ha quemado ya la mayor parte de sus municiones, dadas las tasas de interés cercanas a cero, en tanto mantiene en niveles bajos también las tasas por ventanilla de descuento. Aun así, y después de fuertes recortes de los tipos de interés, la FED ha sido incapaz de mejorar  la grave crisis del crédito. Con la banca comercial y otras entidades de préstamo centradas en reducir su propia deuda y sanear sus balances, la liquidez sigue escasa. Desde otro punto de vista, tal vez la situación hubiera sido peor en el corto plazo de no haber intervenido activamente.

La brusca caída en la pérdida de empleos mensuales en Estados Unidos se redujo a 345,000 aumentando las esperanzas de que el final de la recesión económica no puede estar lejos. El desempleo aumentó en  mayo un 9.4%, su tasa más alta en 26 años, pero el descenso en la tasa de pérdida de empleos, acerca de la mitad del promedio de los seis meses anteriores, acrecentó las esperanzas de que la economía puede estar tocando fondo. Los comerciantes especulan que la FED puede aumentar las tasas de interés más pronto de lo esperado, con un aumento en el rendimiento de los bonos a dos años y los mercados de futuros valorándose en un alza de la tasa para finales de 2009. No obstante, un aumento de tasa de final de año parece muy poco probable, dado los estimados recientes de desempleo. La pérdida de empleos sigue siendo alta y las horas trabajadas, la medida más amplia de la actividad del mercado laboral, siguen cayendo. Así, perdiendo empleos y con las nóminas flojas, se seguirá experimentado una caída en los ingresos.

¿Soluciones?  Varias veces se ha reseñado que Ben Bernanke, actual presidente de la FED, realizó su tesis de doctorado en el MIT acerca de las vías por las que la debacle bursátil de 1929 se transmitió a la economía real por los defectos en los mecanismos de intervención pública. Él sostiene la tesis de que la única alternativa de peso para atacar y reactivar la economía proviene de vías fiscales. La paradoja es que enfrenta esta alternativa en momentos en que los Estados Unidos aglomeran hoy la peor situación de sus finanzas públicas desde el periodo de la Gran Depresión.

Según Bernanke, el Tesoro estadounidense podría también emitir nuevos pasivos como hizo en el otoño de 2008 para permitir a la FED aumentar el nivel de su presupuesto para apoyar la economía. Lo que pasa es que si bien se han disipado los riesgos de inflación, ésta declaración muestra la predisposición a mayor endeudamiento fiscal y, como sabemos las cuentas hace tiempo que presentan balances rojos alarmantes. Si bien se prevé que por la crisis actual los gobiernos sigan una tendencia hacia mayor gasto, en atención a políticas contracíclicas por la vía fiscal (prácticamente agotada la monetaria), el déficit estadounidense no deja de ser nuevamente la amenaza o el desafío entre el mediano y largo plazos para la estabilidad de la economía mundial.

El FMI ha sostenido que la política fiscal tiene que desempeñar un papel crucial en la generación de un estímulo fiscal a corto plazo para la economía mundial. Sabemos que la política fiscal es especialmente útil para acortar la duración de las recesiones provocadas por crisis financieras. No obstante, el margen para brindar apoyo fiscal se reducirá si las medidas que se toman minan la credibilidad. Los gobiernos, por lo tanto, tienen que encontrar un difícil punto de equilibrio, que consiste en adoptar políticas expansivas a corto plazo pero infundiendo tranquilidad con respecto a las perspectivas a mediano plazo. Una vez afianzada la recuperación será necesario consolidar las finanzas, y esa tarea será más fácil si existen sólidos marcos fiscales a mediano plazo.

El presidente Barak Obama ha manifestado que solamente el Gobierno estadounidense puede proporcionar el estímulo necesario a corto plazo para sacar al país de una recesión “profunda y severa”, a través de la flexibilización de sus políticas monetaria y fiscal. Su fuerte advertencia tiene lugar en momentos en que se teme por más pérdidas de puestos de trabajo este año.

Aun así, cree que su plan crearía tres millones de empleos antes de 2011. También cree en reducciones de impuestos substanciales, así como en un enorme programa de gastos infraestructurales, en áreas como las carreteras y las escuelas.  

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El déficit fiscal estadounidense

El déficit presupuestario estadounidense tendrá  un nivel sin precedente de 12.9% del PIB en 2009, según los cálculos de la Oficina Presupuestaria del Congreso. Este año fiscal también habrá récord, con un déficit de US$1.8 billones, muy por encima del récord previo de US$290,000 millones de 1992. Según la oficina presupuestaria será  después de 2015 que se podrá regresar a un superávit, aunque todo depende de que el Congreso permita que expiren varias reducciones tributarias. Lo peor es que estos cálculos no consideran el costo de la guerra y la reconstrucción de Irak, que cuesta US$1,000 millones semanales, ni nuevos programas públicos como el plan de medicina gratuita que costará por lo menos unos US$400,000 millones. Se proyecta que el déficit presupuestario federal quedará solo en US$536,000 millones en 2014.

La cifra

2.41%

ha sido representado  el déficit público promedio de los Estados Unidos con respecto al PIB, entre 1990 y 2009. En ese periodo, los ingresos fiscales  promediaron 4.2% y la economía  creció a una tasa de 2.8% en términos reales.