El desarrollo fronterizo

EZEQUIEL GARCÍA TATIS
El desarrollo fronterizo es condición esencial para que pueda alcanzarse el desarrollo nacional, porque si las demás áreas avanzan y la frontera se mantiene sumida en la pobreza no podrá hablarse del desarrollo de todo el país. Esa zona es la que cuenta con menores posibilidades para invertir y poner a producir los recursos con que pueda contar.

Se trata de las provincias y poblaciones más distantes del polo de desarrollo que es Santo Domingo, donde hay menos instalaciones de infraestructura: carretera, energía, agua, comunicaciones. La producción es ínfima y también lo son educación y la salud. Allí escasean las fuentes de empleo, no hay, como en otras regiones, zonas francas, y es donde la pobreza presenta sus más altos índices. Otro escollo vinculado a la frontera es la situación de miseria en que vive la población vecina. Haití con los recursos diezmados requiere la asistencia de las poblaciones dominicanas: en trabajo, en salud, en comercio. Hay, pues, que imperiosamente tomar las medidas necesarias para que quienes se arriesguen a invertir en La Frontera sean protegidos.

Al amparo de la Ley 28-01 se han estado estableciendo algunas industrias en las distintas provincias que integran esa franja: vino en Bahoruco, zapatillas en Montecristi, refrescos en Santiago Rodríguez, …estas lo han hecho a consecuencia de haber puesto en vigencia esa Ley que les exonera las importaciones de materiales de construcción y de materias primas para la elaboración de artículos que pueden comercializarse en el mercado local.

Todavía es muy tímido el impacto de esas inversiones en las condiciones de vida de la zona fronteriza. Aún las carreteras de la zona permanente en estado de deterioro: así está el tramo de la carretera Duarte entre Laguna Salada y Jaibón, donde los vehículos saltan como si estuvieran en un tsunami, así los treinta kilómetros que separan a Montecristi de Dajabón y no terminan el puente a la salida de la Ciudad de El Morro; tampoco las vías de Dajabón hacia Loma de Cabrera y hacia Santiago de la Cruz, que reclama Angel Sosa (El Peregrino).

Se requiere más inversión para procesar las materias primas y recursos existentes en la zona; las frutas de Dajabón, las playas de Bahía de las Aguilas, las papa de Comendador, los tubérculos y el paisaje de Río Limpio, el muelle de Manzanillo, las musáseas de Guayubín el tabaco de La Costa, los chivos de la Línea Noroeste, el pescado y las playas de Montecristi. En fin, las inversiones apenas están comenzando. ¿y ya nos quejamos de que las industrias de La Frontera están en situación privilegiada respecto a las de Santo Domingo, Santiago y otras ciudades con alto potencial instalado?

No es tan fácil vivir en las ciudades de La Frontera. Todas las industrias que se han establecido allá pertenecen a inversionistas que residen en Santo Domingo y en Santiago, porque en esas provincias no hay empresarios con capital para levantar una empresa. Quienes lo han hecho tienen que estar viajando a esas zonas; sus inversiones corren riesgos y conllevan gastos. Lo correcto sería que los grandes empresarios arriesgaran sus capitales y ayudaran a prosperar esas zonas, porque su desarrollo es una garantía de fortalecimiento de nuestra identidad, es una garantía de país.

El desarrollo de La Frontera requiere de una planificación y de una estrategia. Esa planificación debe contar con la participación de las instituciones regionales que ya se han creado en la zona, tales como el INDENOR Y EL INDESUR y otras, como las asociaciones de desarrollo y las extensiones universitarias, pero que, desafortunadamente, en vista de la conformación político-institucional con que operamos todo se concentra en el gobierno central y esas instituciones tienen solo existencia formal sin ser realidades operantes y efectivas en el desarrollo de dichas zonas. Para que La Frontera se desarrolle habría que aprovechar todos sus recursos: agrícolas, ganadero, minero, turístico, histórico, humano, además de las posibilidades industriales que trata de fomentar la Ley 28-01. Pero esas posibilidades de desarrollo no se aprovecharán plenamente si todo se decide en las oficinas gubernamentales establecidas en Santo Domingo y sin la participación de los recursos humanos, en muchos casos organizados en instituciones que conocen y están en contacto con las necesidades y las posibilidades de la zona. Ellos tienen que participar y ser quienes decidan, con el asesoramiento de técnicos nacionales, lo que debe hacerse en las provincias y comunidades de La Frontera y con ellos debe cooperar la sociedad toda, no solamente el sector público sino igualmente el sector privado, principal motor del desarrollo nacional.