El descaro de Blas Peralta y sus abusos de poder

Marien Aristy Capitan

Cuando comenzaron a escucharse los primeros rumores pensábamos que era uno de esos bulos que se echan a correr para fastidiar. ¿Quién podría suponer que, por una discusión política, el exrector Mateo Aquino Febrillet había sido asesinado?
La historia era inverosímil. A nadie le podía caber en la cabeza que haya gente capaz de irse a tiros por una candidatura, un pleito o lo que fuere. Blas Peralta y sus secuaces, lamentablemente, nos demostraron que estábamos equivocados: en nuestro país, duele reconocerlo, los verdaderos animales andan de pie.
Es increíble ver el descaro con el que Peralta pide justicia. La forma en que dice que luchará para con la justicia que se dé con el responsable del hecho. Pero, ¿olvida que las pruebas de balística demostraron que una de las balas alojadas en el cuerpo de Febrillet salió de su arma? ¿Cómo, si no fue disparada por él, llegó hasta ahí?
Como si eso fuera poco, todos hemos leído la transcripción de la conversación que tuvo Peralta con Rafael Herrera Peña, jefe de su seguridad, quien estuvo al punto de ayudarlo a tapar su crimen.
Blas puede seguir mintiendo todo lo que quiera. A estas alturas, con toda la evidencia que hay, sólo nos falta esperar que la Fiscalía del Distrito Nacional maneje muy bien este caso para que no haya cabos sueltos que permitan que el crimen de Febrillet quede impune.
Los excesos de Fenatrado, el sindicato que dirige Peralta, son muy conocidos. El método de la violencia, arraigado en demasía por todos los transportistas, es viejo. Ha llegado la hora, sin embargo, de ponerle coto. Basta de matar y joder. Ya está bueno de tanto abuso de poder.