El desorden como modelo

El 70% de la población del país es urbana, dice la Oficina Nacional de Estadística. Esto  se debe a los desplazamientos humanos desde la zona rural hacia las ciudades, y  al aumento sin control del número de municipios, pues  los distritos municipales tipifican como zona urbana. Las ciudades han crecido  sin planificación de servicios públicos. A eso se debe que solo un 30% del territorio de la Capital cuenta con alcantarillado y el 70% drena a través de pozos filtrantes que contaminan  las aguas del subsuelo.

Todo lo anterior, y más aún, consta en el  informe “Política social: capacidades y derechos’’,  elaborado  por la Oficina de Desarrollo Humano a solicitud del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo. Es un diagnóstico acerca de la manera decepcionante en que se ha ido desarrollando el país, donde los planificadores inmobiliarios, y no el Estado, pautan las reglas de crecimiento y donde el clientelismo político ha dividido y subdividido caprichosamente el territorio nacional.

 El modelo de crecimiento ha sido el desorden y esto ha tenido efectos terribles para la calidad de vida de las personas. Doce años después de la promulgación de la Ley General sobre  Medio Ambiente y Recursos Naturales, no ha sido elaborado el Plan de Ordenamiento Territorial que esa ley pautó para estar listo en tres años desde la fecha de promulgación. Eso lo dice todo.

Hora de volver a la escuela

El Ministerio de Educación   ha llamado a la reanudación de la docencia a partir de este lunes en aquellos planteles cuyas estructuras no resultaron afectadas por la tormenta Isaac y a las que el acceso no implique riesgos para la seguridad de profesores y estudiantes.

 Las clases comenzaron el lunes pasado con una pobre asistencia y quedaron interrumpidas desde el jueves, como medida de prevención por la aproximación de la perturbación atmosférica.

Este llamado debe ser acogido por profesores y estudiantes,  que deberán acudir a las escuelas bajo las previsiones hechas por el Ministerio de Educación. No debe haber lugar a ausencias no justificables.

Y las autoridades deben actuar con premura para, en la medida de lo posible, poner en condiciones los planteles afectados por la tormenta, para una rápida integración a la labor docente.