El dichoso son de almendra, de Mayra Montero

http://hoy.com.do/image/article/185/460x390/0/FF7CC029-7C3F-4195-8E0A-F8601884C8E0.jpeg

POR CHIQUI VICIOSO
Contaba en un artículo reciente que estando en la Gran Manzana, leí un reportaje  del New York Times sobre la captura del “último jefe” de la mafia italiana, en las afueras de su pueblo natal llamado, nada más y nada menos, que Corleone. El mafioso en cuestión había permanecido varios años escondido en una fábrica de quesos y un investigador, que le había seguido los pasos por ¡23 años!, lo había descubierto siguiendo la ruta de los envíos de ropa limpia que le hacía su esposa. 

Esta es una historia que en el mundo de hoy parece haber sido escrita para Francis Ford Coppola, o para Mayra Montero y su incursión en el género de la novela policíaca.  Mayra es una reconocida cuentista (Veintitrés y una tortuga), y una extraordinaria novelista:  La trenza de la hermosa luna (1987); La última noche que pasé contigo (1991); Del rojo de su sombra (1993): Tú, la oscuridad (1995); Como un mensajero tuyo (1998); Púrpura Profundo (Premio de la Editorial La Sonrisa Vertical, del 2000); El capitán de los dormidos (2002); Vana ilusión (2002), y la novela Son de Almendra, que Santillana me ha solicitado presentar.

UN PAISAJE EN UNA GOTA DE AGUA

Rindo culto a ese gran lector de novelas que fue el poeta cubano Eliseo Diego, cuando afirma que la novela, “ese colmo de la forma literaria”, surge y se abre como una florescencia, a partir de ese núcleo, de esa simiente que no es sino una imagen poética, con un mínimo de progresión dramática y un máximo de sugerencia, y misterio.  Máximo de sugerencia y misterio, según él, que se logra a través de los tres golpes mágicos de una novela:  la concisión o sequedad del golpe, la fuerza del impacto, y finalmente esa suprema tensión del golpe de vista en que uno atrapa, como a un relámpago, lo que vislumbra huyendo por la tiniebla del silencio adentro.

Dice Eliseo:  Todo lo perdido –inagotable lista de objetos, sitios, luz, instantes, se resume en una sola pérdida:  la de la infancia.  Y con ella, la de esa conjunción irrepetible que es la inocencia, el testimonio de un mundo personal desaparecido, que nos concierne a todos, porque “la gran historia de todos los hombres se refleja en la insignificante historia de uno solo, como un paisaje en una gota de agua”.

Y, ciertamente, la gran historia de un periodo histórico en Cuba y los Estados Unidos, periodo del reino de la mafia en la década anterior a la Revolución Cubana, se cuenta en esta novela a través de un joven e inocente periodista llamado Joaquin Porrata, quien a partir de un reportaje sobre un hipopótamo que se escapó del zoológico y fue ultimado, va adentrándose en el complejo y fascinante mundo de la mafia italiana, anglosajona y judía, durante la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba.

EL ARTE FEMENINO DE NOVELAR

En un ensayo donde analizo el arte  femenino de novelar, planteaba que la escritora Sarah Orne Jewett, en una carta que le envió en 1873 al editor Horace E. Scudder, del Atlantic Monthly, había encontrado la solución creativa para las novelas escritas por mujeres,  novelas escritas como somos las mujeres: eclécticas, capaces de manejar quince situaciones al mismo tiempo sin perder el hilo, y con una gran capacidad de articulación y síntesis.

La critica literaria Elizabeth Ammons definía este estilo de novelar en contraste con la novela convencional, la cual es linear, es decir, comienza en un punto y se mueve  hacia otro; tiene una estructura piramidal, es decir se mueve paso a paso, a veces claramente identificables, hacia una conclusión climática.  Y es exclusiva en sus relaciones, es decir, las relaciones compiten entre si y se reemplazan para darle vida a la acción, no son ACUMULATIVAS, es decir:  multidimensionales,  de arriba hacia abajo, hacia atrás y hacia delante, como en la narrativa de Mayra Montero.

La estructura dramática que invento Sarah Ornet Jewett, en 1896, con su novela:  EL PAIS DE LOS ARBOLES  ERGUIDOS, se desarrolla como una red, se teje.  En vez de ser linear es nuclear.  La narrativa surge de un punto dado y regresa a su lugar de origen (en este caso a la ambición del joven periodista Joaquín Porrata de convertirse en un reportero investigativo, y no en un mero cronista social), como arterias de una telaraña.  Y, en vez de trabajar hacia la construcción de un climax final se concentra en el medio, donde generalmente se desarrollan los momentos mas dramáticos del texto.

SON DE ALMENDRA

La novela Son de Almendra, de Mayra Montero, es, en este sentido, un producto logrado de esta técnica, porque a través de Joaquín conocemos a un cuidador de animales en el zoológico, obsesionado con la estrella de Hollywood George Raft, que se llama Juan  (o “Johnny”) Bulgado, y quien con un simple comentario sobre el hipopótamo asesinado:  “Eso es un mensaje para Anastasia”, le abre las puertas a Joaquín al asombroso mundo de la mafia en Cuba y sus macabras prácticas, como esa de descuartizar a los asesinados y mezclar sus miembros mutilados con la carne para los leones.

Con la narración de ese incidente Mayra nos traslada a la niñez de Joaquín y su primer contacto con la mafia, a través de su amor de infancia  Aurora, madre de su mejor amigo Julián.  Aurora, a su vez, es la amante de un mafioso y amiga de Meyer Lansky, además de organizadora de eventos sociales en los grandes hoteles (y es este uno de los capítulos más cinematográficos de la novela), porque mientras ella iba colocando manteles, platería y orquídeas en las mesas, la mafia se reunía en los pisos superiores del hotel y es allí donde el Joaquín niño entra en contacto,  por primera vez, con el protagonista ausente de esta novela, y con quien Mayra inicia el desarrollo de su trama:  el mafioso  Anastasia, asesinado en el mes de octubre de 1957, en una barbería de Nueva York.

UN UNIVERSO DE “PERFILES INCLINADOS”

Ese precoz interés de Joaquín por la investigación policíaca, también nos abre la puerta a una Cuba que nos imaginamos cuando transitamos por los  predios del Paseo del Prado y Centro Habana, con sus restaurantes y hoteles como El Nacional, Sans Soucí, Riviera y Capri, donde se realizaban las llamadas “convenciones de americanos” y, “se batía el cobre”.

Universo de “perfiles inclinados” (frase que nos descubre a una Mayra Montero amante de la poesía, como cuando hace referencia a Dulce María Loynaz y su poema sobre la soledad de los aeropuertos); y de “sanguinarios mulatos irascibles, escogidos y pagados por el Ministerio de Gobernación”

Y si Juan Bulgado nos introduce a la mafia en Cuba, también nos muestra (a través de su relación con una mujer sub-normal y su suegra) los valores de la clase media cubana de entonces. La misma clase media a la que pertenecía Joaquín, quien a su vez (y aquí retomamos el concepto de red que se va tejiendo en la trama de Mayra Montero) nos permite la entrada a su familia, con un padre convencionalmente infiel, una hermana “marimacha” y lesbiana que averguenza a su madre, una impotente mujer que no tiene influencia, o poder real, ni sobre el marido, ni sobre sus hijos, uno de los cuales:  Santiago, resultó ser miembro de la resistencia política contra la dictadura de Batista y es asesinado por el Servicio de Inteligencia Militar o SIM.

 Todos los personajes en un laborioso entretejido de la anecdota.  Cada uno y una, una semilla germinada por su potencialidad dramatica.

LA ÚLTIMA NOCHE QUE PASE CONTIGO

A Mayra Montero se le conoce aquí fundamentalmente por su novela “Laúultima noche que pase contigo” (de 1991), la cual creo que fue presentada por Enriquillo Sánchez y proclamada como una revelación en la narrativa femenina por su libérrimo y desenfadado manejo de lo erótico.  Confieso que me acerqué a esta novela con ese prejuicio, pero en Son de Almendra, Mayra Montero nos introduce a una extraña, sutil e implícita forma de erotismo entre seres mutilados y deformes, como el de las relaciones de Yolanda la Manca, con el mafioso Luis Santos; con Joaquín; con Rodney, coreógrafo gay que era el Dios del Tropicana y estaba enfermo de lepra;  y el legendario Benny Moré!!!!.  Un capítulo donde Mayra le hace un reconocimiento explícito o subliminal a Faulkner, un escritor donde en todo va mezclándose lo que sucedió realmente con lo que se supone que sucedió y lo que pudo suceder quizás, es decir, la memoria y el sueño formando una misma trama alucinada.

Yolanda, a su vez, nos conduce al mundo de los circos cubanos.  Viejos coliseos que en toda América sacaban del sombrero de la pobreza un poco de magia con que encantar una realidad desprovista de todo encanto.  Así nos adentramos en la historia de la madre de Yolanda, quien se escapó con un ilusionista panameño que se hacía pasar por Hindú; de la  “chinita” (quien fungiera de madrastra de Yolanda), y de su hijo trapecista, un “saltapatrás” (referencia al racismo cubano) “muy lindo”.

Como historias paralelas, y de gran interés histórico, están las del papel que jugaban los periódicos en Cuba durante ese periodo;  la represión y corrupción gubernamental del régimen de Batista (con una guardia presidencial que se ocupaba de cobrar las tajadas o comisiones que le tocaban al Presidente por las ganancias de los casinos); y la descripción del Nueva York de los años 50, con sus hoteles, crooners y estrellas de cine, y mafiosos.

Una novela donde no faltan las referencias a la santería cubana:  “nadie está muerto hasta que desde el agua, desde la candelita de la vela, mira para este lado y ve al otro rezando, y oye la jerigonza como si oyera un aire, como si viera música, como si respirara algodones.  Son dos mundos que respiran juntos.

Y donde no falta la referencia al humor cubano (“Lirio en latica”), y a una ciudad:  La Habana, que “tenía  una cara imaginaria, que era más o menos la cara de todos los días, con empleados que salían de las oficinas, gente metiéndose en las tiendas, cines abarrotados, y otra cara oculta que era la de los desembarcos, la de las transmisiones secretas, las bombas caseras y los cadáveres que amanecían desfigurados en las aceras”.

La cara del Santo Domingo de Trujillo y de Balaguer; el rostro de la Managua de Tachito Somoza; la Asunción de Stroessner; la Bogotá    de Pérez Jiménez; la ciudad que todos queremos olvidar.

LAS “EXTRAÑAS ISLAS AFORTUNADAS”

Eliseo Diego terminaba sus brillantes ensayos sobre la novela y el arte de novelar preguntando ¿Qué Ley rige, en el inmenso golfo de la memoria, la formación de las extrañas “islas afortunadas” de la realidad puesta a salvo?  Y concluía que es la voz íntima, el monólogo inaudible de toda cosa abandonada, entregada definitivamente al tiempo,  y que solo puede rescatar el conocimiento de lo que hemos perdido.  Y yo añado, que es  la mirada de una escritora como Mayra Montero, ubicada en los linderos que hoy definen la realidad de su isla, y de nuestra historia.

Y eso es esta novela, sino para Mayra Montero para mí,  su ávida interlocutora:  el testimonio de un mundo personal desaparecido, cuya memoria revive un danzón llamado  Almendra. “Dichoso danzón” que da la casualidad, tocaba una orquesta de mujeres.

Obra consultada:

Eliseo Diego: Prosas Escogidas. 
Editorial Letras Cubanas, 1983.