El dilema de la reclasificación

Ninguna resolución que fije el monto salarial mínimo nacional debe entrar en contradicción con la realidad del empleador de pocos recursos para remunerar a sus trabajadores como si su capital suscrito y pagado y volumen de operaciones correspondieran a empresas de categorías altas y medias y rentabilidad asegurada. El efecto social sería de gran costo. Golpearía al sector que más empleos genera en el país desempeñándose modestamente en actividades de producción, ventas y servicios. Equivaldría a propiciar más informalidad o a impedir que superen la exclusión miles de pequeñas gestiones patronales distanciadas de la Seguridad Social, del crédito bancario y de las normales ventajas de la economía de escala.

Debe procederse con tacto al moldear desde la ley los salarios de las pymes, sin perder de vista que muchas veces se desenvuelven precariamente ante acciones recaudadoras que incluyen el pago de anticipos sin haberles llegado los ingresos del año y en capacidad financiera reducida para lidiar con pérdidas, incluso millonarias, como las que en estos tiempos causan los apagones a detallistas y emprendedores de poco capital. Los empleadores constreñidos en su capacidad de erogar salarios de calidad deben estar atados a requisitos que no conspiren radicalmente contra su existencia generadora de ingresos de los que no se debe carecer como paliativo para el desempleo absoluto.

Libertad sin excepciones

Rudolph Giuliani, que logró hacer de Nueva York una ciudad más segura, habló en visita al país sobre “la opresión que sufren las personas decentes” en el lugar que sea por efecto de la criminalidad. El Estado de Derecho debe valer para los actos ordinarios del ser humano y no solo para los de la vida civil; sin que el miedo a malhechores refuerce puertas, enreje ventanas y lleve a mucha gente a espantarse de su propia sombra.

Un déficit de seguridad en las calles puede generar lastimosas inhibiciones e incluir temores a que cualquier inofensiva apariencia esconda intenciones de engaño porque los impostores y finos pillos de cuello blanco consiguen pulular por falta de alcance de los brazos de la ley. No basta con ejercer el pataleo para ser libre. Vale el recordatorio en una sociedad que coloca la inseguridad como su mayor preocupación .