El dilema reformista

Al presidente del PRSC, el ingeniero Federico Antún Batlle, se le ve muy empeñado en relanzar ese partido, levantarlo de su prolongada postración, y no hay mejor medicina para un paciente en sus condiciones que una transfusión masiva de sangre nueva, de jóvenes que puedan darle nuevos impulsos y perspectivas de crecimiento que lo regresen al Palacio Nacional. Pero ese objetivo, como era de esperarse, tiene enemigos naturales dentro del propio reformismo, gente a la que le ha ido tan bien a la sombra del Bloque Progresista y el gobierno del PLD que quisieran que su felicidad durara para siempre. Y es que mientras Quique Antún, Amable Aristy Castro y el diputado Ito Bisonó se trasladan a Santiago, donde el pasado domingo juramentaron en el PRSC a 800 jóvenes estudiantes y profesionales, el doctor Humberto Salazar se despacha afirmando que ese partido no existe estructuralmente y que debería, por lo tanto, ir aliado al oficialismo en las elecciones del 2016. Lamentablemente mucha gente, dentro y fuera del PRSC, comparte la opinión del doctor Salazar, y si esto ocurre así es por culpa de la propia dirigencia reformista, incapaz de renunciar, así sea en beneficio del futuro de la organización, a sus cargos en el gobierno. ¿Cómo convencer al electorado joven de que el PRSC no es un partido bisagra, como lo ha bautizado de manera despectiva el país político, si quienes lo dirigen están pegados con Coquí de las tetas del gobierno y eso parece ser lo único que les importa? ¿Quién les va a creer que pueden relanzar esa organización, devolverle su gloria perdida, si no se atreven a salir de debajo de la falda del gobierno, con todas sus consecuencias, a trabajar para convertirla en una opción de poder? Talvez por eso, por estar tan cínicamente consciente de esa realidad, es que el doctor Salazar se da el lujo, cada vez que puede, de recordarle a sus compatriotas la entelequia en que han convertido la herencia que recibieron del doctor Joaquín Balaguer.