El discreto encanto
por los dictadores

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Han sido varios los observadores, intelectuales y sociólogos, de la conducta dominicana, que en numerosos artículos y opiniones cuestionan que a casi medio siglo de la muerte de Trujillo, ahora hay un sostenido fervor de las nuevas generaciones para querer entender o engrandecer la idiosincrasia de un hombre que aplastó y dominó por 31 años la voluntad rebelde y desorganizada de los criollos.

En el presente siglo se están publicando más obras acerca de la personalidad y dictadura de Trujillo. Casi todos se han convertido en éxitos de librería por la forma tan apasionada como se trata un tema, y para las generaciones que vivieron esa etapa es parte de una historia personal de miedos, rabias, frustraciones, y también de satisfacciones y enriquecimientos.

Se atribuye al morbo el hurgar en un pasado, que ya casi no es tan reciente, pero es apasionante. Ese vicio no es tan sólo dominicano; ahora mismo en la literatura sajona y en su cine hay una proliferación de obras en torno a Hitler y su locura de dominio mundial con la masacre de la población judía. Esos enfoques de la historia hitleriana permiten a los autores ahondar en las personalidades de los protagonistas en cuanto a su disciplina, lealtad, valores familiares y morales y rectitud de posiciones, que a muchos los llevaron a la muerte. Sin embargo, en la literatura trujillista no se destacan esos valores de los protagonistas.

En el cine sajón fueron varias las películas proyectadas recientemente, como Walkyria y El Niño de la Piyama de Rayas, donde se destacan la lealtad, la disciplina, el amor familiar y los principios éticos propios de militares bien preparados y de honor por el uniforme, así como la profesionalidad de los que se oponían a Hitler. Muchos cumplieron órdenes criminales de exterminio y pagaron con sus vidas a raíz del juicio de Nuremberg.

En las narraciones trujillistas se lee de las traiciones a un hombre que había enriquecido y protegido a muchos de sus ejecutores, sin ahondar en la educación, disciplina y valores éticos. Atormentados en sus conciencias y estimulados por los sucesos en otros países hemisféricos donde se desmoronaban las dictaduras, le dieron forma a la heroica conjura del 30 de Mayo de 1961. El complejo de culpa a rastras los hizo optar por un magnicidio que, a fin de cuentas, nos ha dejado en un berenjenal social de las ambiciones y marrullerías de políticos corruptos y ambiciosos. Han frenado el desarrollo armónico del país; el desarrollo ha sido con otros valores humanos para colocarnos en un sendero limitado de progreso.

Es bueno hurgar en nuestro pasado y más por ese discreto encanto que provocan los dictadores. Sus historias de crímenes, latrocinios, de romances y capacidad de estadista se mezclan para darnos la sensación de que sus quehaceres estuvieron en relación directa a los deseos del pueblo. Existe un clamor social generalizado para que se aplique mano dura a los delincuentes, que se descubran a los corruptos y sean castigados ejemplarmente, para ver si desaparece esa atracción por los sistemas trujillistas o hitlerianos, tan encumbrados por la literatura y el cine del siglo XXI.