El Discurso del Presidente

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FRANCISCO ALVAREZ CASTELLANOS
A mi juicio, al discurso del Presidente Leonel Fernández el martes en la noche, le faltó lo que yo llamo “fuerza persuasiva”. En lo que respecta a los nuevos impuestos le faltó gravar una “industria” que mantiene a los pobres más pobres cada día: el juego de azar.

Miles de bancas de apuestas se encuentran en todo el territorio nacional.Y lo interesante es que nadie ve un rico deteniendo su yipeta en una de esas bancas. No, ellos tienen su forma exclusiva de jugar (para eso están los casinos).

Pero para los pobres, la “gente de a pie”, la que si almuerza hoy no sabe si lo hará mañana, el juego en las bancas es su única esperanza de salir de la pobreza perenne que los mantiene al borde de la desesperación, cuando no de la delincuencia. El juego de azar es prácticamente ilegal, ya que le hace una feroz competencia a la Lotería Nacional. De hecho, en el Gobierno hay funcionarios que han convertido en multimillonarios gracias a las bancas de apuesta.

Los hay que tienen esas bancas en todo el país, sí, ¡en todo el país!, y nunca ha pasado nada. Sin embargo, se han subido los impuestos a empresas que desde hace decenios han sido vitales para el Presupuesto Nacional.

¿Sabían ustedes que, por ejemplo, la Cervecería Nacional Dominicana ha pagado miles de millones de pesos en impuestos, y que es una de las empresas que sustenta el Presupuesto Nacional, junto a las empresas que producen bebidas alcohólicas, como el ron, y a las que procesan el tabaco, por ejemplo?

Y hay un nuevo impuesto que me ha llenado de temor y es el que impone gravámenes más altos a la industria que más divisas entrega al país: el turismo. Eso de gravar los hoteles está “feo para la foto”.

Cuando el Presidente Fernández  señaló que los nuevos impuestos afectarán partidas destinadas para sueldos temporeros (¿botellas, acaso?); sobre sueldos (estos no son botellas, son galones);, honorarios (¿a quiénes); dietas y gastos de presentación, pasajes,fletes (y mil firmas más), olvidó una enorme partida que debe ser eliminada del Presupuesto Nacional inmediatamente. Me refiero a los gastos increíbles del cuerpo diplomático y consular.

Estoy de acuerdo en que tengamos representantes en aquellos países con los que mantenemos relaciones comerciales. Pero eso de tener 27 vice-cónsules y 43 “representantes” en solo Nueva York, “parte el alma”. Pero si ésta no queda “bien partida,” les señalo que tenemos embajadores en remotos países de Africa, incluyendo Sud Africa, el más lejano de todos, así como en Asia (dejando al Japón y a Corea del Sue fuera, pues nuestros negocios con esos países son otra cosa). Pero, ¿para qué rayos mantener un embajador en la India, a un costo fuera de serie?

En Europa han embajadores en principados que poca gente sabe donde quedan.Por eso es que aseguro que el renglón diplomático y consular debe ser objeto de una exhaustiva atención. Pero, perdón, me olvidaba de algo no solamente importante, sino también ridículo. Conozco una serie de “embajadores adscritos a la Cancillería”, que no saben lo que son, pero que los días 25 hacen acto de presencia para cobrar un dinero que sale de nuestros bolsillos.

Solamente he puesto atención a un solo renglón, precisamente al que no se refirió el Presidente Fernández en su discurso del 14 de noviembre en curso. Pero hubo otros asuntos que, o fueron ignorados, o tratados con una timidez extraordinaria.

Y es que para referirse al estado del país, de lo que pasa en las distintas estancias del Gobierno y hasta de los municipios, hay que tener de su lado a Dios y a todos sus santos. De hecho, el discurso de marras me hizo daño. Primero, me desveló, a mí que me acuesto a las seis de la tarde y luego, tratando de asimilar los pro y los contra de la bendita pieza oratoria, solo vine a “pegar los ojos” a las dos de la mañana.