El discurso del Presidente

El argumento del discurso de anoche del Presidente Leonel Fernández tiene tres aspectos sobresalientes.

En primer término, contiene un oportuno esfuerzo por drenar la  presión social acumulada en los últimos días a propósito de la incertidumbre por la nueva reforma tributaria, y en este aspecto el mandatario atribuye grados de intencionalidad por parte de algunos grupos interesados en causar desasosiego.

Un segundo aspecto es de contenido político, dirigido a justificar con recriminaciones a las autoridades anteriores, la naturaleza y contenido de los cambios que en materia fiscal contiene el proyecto del que apoderará al Congreso Nacional próximamente, que retoma aspectos relegados por el Congreso en la anterior reforma fiscal.

El tercer aspecto lo componen los alcances del plan de austeridad mediante el cual el Poder Ejecutivo pretende completar el nivel de ingresos que considera necesario para cubrir el déficit cuasi fiscal y el que afecta las finanzas públicas por la caída de las recaudaciones.

Sin lugar a dudas, el Presidente ha modificado el panorama que se había dibujado al atribuirle al Gobierno la intención de afectar tales o cuales renglones con nuevas cargas impositivas, aumento y generalización del Impuesto a la Transferencia de Bienes Industrializados y Servicios, y cosas por el estilo.

Igualmente, se ha esforzado por elaborar la defensa de la política de gasto público e inversión social, dos aspectos por los cuales el sector oficial ha sido ampliamente criticado por sectores empresariales y políticos.

-II-

En cuanto al contenido del proyecto de reforma tributaria que el Poder Ejecutivo someterá a consideración del Congreso Nacional hay que observar que revive puntos de debate de la reforma anterior.

En ese proyecto se replantea la aplicación del Itebis a un puñado de renglones de la canasta familiar, corrección del Impuesto Selectivo al Consumo aplicable a las bebidas alcohólicas, gravamen a la vivienda suntuaria, así como a hoteles, moteles y establecimientos de esa categoría, mantenimiento del Impuesto sobre la Renta en un 30%  y, en fin, aspectos que el Congreso segregó de la reforma anterior.

Es probable que a partir del discurso del Presidente, los debates queden concentrados en el contenido de esta propuesta de reforma y en los alcances del plan de austeridad oficial anunciado, que impondrá recortes a sueldos temporeros, sobresueldos, honorarios, gastos de representación y erogaciones por el estilo. En este punto valdría la pena que las explicaciones del Gobierno sean más precisas y contundentes.

Sin duda el Presidente ha puesto material de debate al alcance de todos los sectores que planteaban rechazo, condicionamiento o favor hacia la reforma tributaria.

También sin duda, hay que reconocer que su alocución drena un poco de las presiones sociales causadas por la incertidumbre en cuanto a la reforma.

Si algo ha quedado claro es que el Gobierno necesita resarcir la baja percibida en sus ingresos por la caída de las recaudaciones aduanales. De aquí en adelante el debate habrá de centrarse en los medios para lograr esa compensación. Los argumentos del Presidente han sido claros y precisos, muy útiles para una interlocución que ayude a preservar la buena marcha del país, que es lo que al fin de cuentas importa.