El doble crimen de Cotuí. Demasiados cabos sueltos

La primera versión de la Policía Nacional, descartando el motivo del robo en el doble asesinato del Vice Ministro de Energía y Minas y de su hijo Víctor Manuel, más que plausible se dio como un hecho. El Vice Ministro era una figura pública bien conocida. Estaba en campaña electoral por un cargo electivo importante. 3. Los asaltantes sabían la residencia del Ministro, y a quién buscaba y a qué se exponían. 4. Mataron y no se llevaron nada. Típico del sicariato.

La Policía y el Ministerio Público prometieron profundizar las investigaciones. No perdieron tiempo. El hecho ocurrió el 6 de marzo y ya, el día 19, la Plana Mayor de la Policía, incluyendo su Jefe, Mayor General Castro Castillo, y del Ministerio Publico, encabezado por el Procurador General de la República, convocaron una rueda de prensa donde rechazaron la versión original presentando la otra versión, los responsables del crimen era una banda de ladrones organizados, su motivo fue el robo según confesaron. Robo que fue frustrado por la temeraria resistencia del Vice Ministro que agredió a los asaltantes que se vieron precisados a repeler la agresión matando al Vice Ministro y su hijo. Versión pueril, interesada, que acomoda los hechos a su defensa, mereciendo entero crédito de las autoridades que prácticamente dan por cerrada la investigación que deja, en cambio, muchas interrogantes.

Cualquier curioso, apegado a una lógica elemental, podría preguntarse a partir de la declaración de los imputados señalando que su programa ese día era asaltar una farmacia y una tienda de repuestos, pero desistieron “porque habían muchas personas.” ¿Verificaron los oficiales la certeza de ese dato importante, o simplemente lo creyeron? ¿No les resultó extraño que a altas horas de la noche anduviera mucha gente por esos lugares? ¿Qué tan cerca o distante del tumulto quedaba la residencia del Vice Ministro? ¿Fue por casualidad que se dieron con el hijo regresando de la universidad para encañonarlo cuando abriera el portón y penetrar en la residencia? Si fue así y así ocurrió ¿el motivo era el robo? Entonces ¿a qué preguntar si había armas de fuego, e inventar la ingenua respuesta que revelaba que “papá tiene un arma en su habitación”, para ir directamente al segundo piso, tocar la puerta y el padre salir viendo a su hijo encañonado. ¿Arriesgaría algún padre la vida de su hijo pegándole una trompada a su captor, para luego sacar el arma que nunca llega a usar, siendo baleado al instante, igual que su hijo, único testigo de la tragedia? ¿Resultan creíbles hechos tan insólitos, bordeado de casualidades difíciles de admitir para aceptar que el móvil del horrendo crimen fue un robo frustrado, perpetrado por una pandilla de ladrones envueltos, infortunadamente, en un incidente lamentable?

En el mundo del crimen existen el ladrón y el sicario. Actúan de manera distinta y obedecen a causas diferentes. El ladrón sale a robar, no a matar; evita ese arriesgo y mata sin pensar. El sicario es un profesional que mata por encargo, no roba. Pero hoy cualquier grupo delincuente se convierte en sicario. Quizás la Policía investigativa tenga razón; pero deja demasiados cabos sueltos.