El dolor de Haití, es nuestro dolor

En nuestro país estamos sintiendo un gran dolor, un gran duelo. Es el duelo y el dolor de miles de muertos por la gran tragedia que ha sufrido nuestro hermano país, Haití.

El terremoto que sacudió Haití el pasado martes 12 de Enero en horas de la tarde se hizo sentir en República Dominicana pero no dejó víctimas ni daños; en Haití ha sido devastador. Los principales edificios han sucumbido y con ello la vida de miles de personas.

Miles de niños y niñas han quedado huérfanos y muchas enfermedades y epidemias comenzarán a sentirse en este hermano país.

Esta tragedia no es ajena a nosotros. Es totalmente cercana.

Haití y República Dominicana comparten su territorio y cientos de años de historia común. Tenemos familias que tienen sus cimientos en la mezcla de ambos pueblos y mucha gente que trabaja en nuestro país realizando las labores más difíciles y peor pagadas son haitianos y haitianas.

La frontera que nos divide es más que artificial, es casi invisible. Las relaciones entre Haití y la República Dominicana han permanecido a través del tiempo y se mezclan en la cotidianidad. Hábitos alimenticios como el Chenchén y el Chacá así lo muestran.

La convivencia entre haitianos y dominicanos con la mezcla en la consanguinidad y en la vida cultural ha estado presente desde los inicios de nuestra República.

 En los momentos difíciles del pueblo dominicano como la guerra de independencia, la guerra restauradora, las distintas tormentas y ciclones que hemos sufrido recibimos el apoyo y la solidaridad del pueblo haitiano.

El duelo que sufren los haitianos hoy, es también nuestro duelo.

Nuestro territorio está bañado de lágrimas y sufrimiento de miles de haitianos, haitianas y dominicanos de ascendencia haitiana que han sufrido la pérdida de hijos, hijas, hermanos y familiares en general.

Nosotros que compartimos el territorio con Haití nos toca aprender de esta tragedia.

Tenemos que comprender que podemos sufrir episodios sísmicos de las mismas magnitudes que ha sufrido Haití porque estamos ubicados en el mismo territorio y con las mismas características.

El aprendizaje implica educar nuestra población para que pueda manejarse en una situación de desastre, tener conocimientos claros de que deben hacer en casos de terremotos e invertir recursos en los organismos de socorro y emergencias.

Debemos romper con nuestros prejuicios contra el pueblo haitiano y brindarle apoyo y solidaridad en todo momento. Deben emprenderse hoy muchas acciones y muchas redes de solidaridad con Haití, con los niños y niñas huérfanos/as de esta tragedia y con todos los que viven en nuestro territorio.