El dominicano en Nueva York sobrevive alegre
a los crudos inviernos  y a los prejuicios
contra los inmigrantes

POR ÁNGELA PEÑA
El emigrante dominicano trabaja mucho y duro, tiene la voluntad de cambiar la vida, valor para integrarse a otra cultura, lo que a veces es muy difícil de compartir con el sentido de responsabilidad para mantener dos familias: la residente en Nueva York y la que ha dejado en República Dominicana. Celebra con entusiasmo los cumpleaños, es alegre a pesar del fuerte calor de los veranos y del crudo invierno y pese a los prejuicios contra el inmigrante que debe vencer en Estados Unidos.

Pamela M. Graham observó esos y otros aspectos del comportamiento del dominicano durante casi dos años que convivió con la comunidad dominicana en Norteamérica, participando de sus días, reuniones, aspiraciones, protestas, dramas, transitando con ellos por la calles Broadway, 180 y Saint Nicholas, estudiando la doble nacionalidad y el proceso de lucha por un asiento en el Consejo de la Ciudad que, en los años de su estadía, a principios de los 90, ocupó Guillermo Linares.

La destacada profesional, egresada con honores de las universidades de Tampa y de Carolina del Norte se interesó por la colonia dominicana luego de leer el libro de uno de sus profesores en Carolina, Jonathan Hartlyn, autor de “La Política Dominicana: Democratización”, y decidió escribir su tesis para el doctorado en Ciencias Políticas sobre este grupo de tan vibrante presencia en aquel país pero entonces tan desconocido.

Desde esa época no se ha desvinculado de los asuntos históricos y políticos de esta tierra. Al concluir su trabajo con los criollos, para el que se mudó a la International House, una pensión de estudiantes, fue nombrada encargada de la colección latinoamericana de la biblioteca de la Universidad de Columbia y la riqueza documental sobre la República que a diario clasifica, ha acrecentado su pasión por este pueblo. Conoce a los principales líderes políticos de aquí con los que ha conversado en horas interminables y habla sobre el acontecer pasado y reciente como si fuera una historiadora del terruño. Siente tan patética admiración por el escritor nativo que vive empleada en enriquecer el acervo dominicano en Columbia por lo que a viaja no sólo a intercambiar con líderes sino a comprar libros que envía por paquetes múltiples.

Nacida el doce de noviembre de 1964, descendiente de jamaiquina por su madre, Ivonne Fraser, y de estadounidense por su padre de New Jersey, Carl Graham, Pamela ha dedicado prácticamente su vida al trabajo y al estudio. Es Bachelor of Arts de Tampa y realizó maestría y doctorado en Ciencias Políticas en Carolina, especializada en asuntos latinoamericanos. Enseña métodos de investigación en talleres y cursos nacionales e internacionales y, sin ser dominicana, es una de las grandes promotoras de esta nación por la cantidad de artículos publicados en la prensa y en revistas especializadas norteamericanas. De sus estudiantes latinoamericanos, la mayoría es de dominicanos.

En español lento, pero preciso, sentada en la pequeña terraza de un hotel de la ciudad colonial que fue morada de un legendario personaje del siglo XIX, cuenta sus impresiones sobre el Presidente Leonel Fernández, el profesor Juan Bosch, Hatuey Decamps, Milagros Ortiz y otros dirigentes a los que entrevistó para sus diferentes trabajos. Su inspirador, Hartlyn, le ofreció algunas pautas para abordarlos. “Él ha sido observador del Carter Center, es un estudioso del desarrollo histórico del país, trabaja con teorías de democratización, estudia la vida de los partidos, el proceso y la calidad de la democracia en el país”, refiere.

LA MIGRACION

Descubrió que la información sobre los emigrantes cubanos, mexicanos, puertorriqueños, era abundante, sin embargo, había pocas noticias de los dominicanos, “especialmente fuera de New York y quise ofrecer una obra para que se conociera su situación. La migración me atrajo, quise conocerlos, ver su movilización dentro de la ciudad de Nueva York, pero también me interesaba la relación de ellos con el país de origen y los vínculos que mantenían con los Estados Unidos”, explica.

Mudada en el Alto Manhattan comenzó asistiendo a las reuniones de los principales partidos dominicanos representados allí, y también viajó a Santo Domingo a conocer a sus dirigentes. Leonel Fernández fue uno de sus visitados “cuando tenía la oficina en el Edificio Diez”. Lo recuerda “muy ocupado y dedicado al Partido, estaba al frente de los asuntos internacionales y siempre venía a New York con Juan Bosch, porque él sabe mucho de New York”. Le definía “la política del Partido en Estados Unidos, la estructura de esa organización y me ayudaba a hacer contacto con líderes de filiales. Siempre estaba muy ocupado, trabajando mucho, pero me dio su tiempo para hablar, contestar mis preguntas”, manifiesta.

“Hice muchos viajes aquí, también conocí a Milagros Ortiz Bosch, Hatuey Decamps e hice contactos con Ramonina Brea, entre otros. En 1992 me quedé a vivir por tres meses en Santo Domingo, luego hice viajes de dos a tres semanas para preparar la tesis de doctorado”, agrega.

En New York, señala, “asistí a los encuentros de la comunidad de mujeres y estudié la relación entre la comunidad y la policía porque en esos días ocurrió el asesinato de Quico García. Estos foros o eventos auspiciados por la Policía y el Gobierno fueron muy interesantes para aprender la proyección y las relaciones de los dominicanos”. Entonces circulaba Listín USA y la consulta de sus colecciones y archivos, expresa Pamela, fueron de gran utilidad.

Le impresionó sobremanera la visita a las viviendas donde residían los dominicanos. “Vivir en New York es muy costoso, encontraba dos y tres familias compartiendo en un pequeño apartamento, muchos parientes: tíos, sobrinos, hermanos, primos”. También le impactó la condición de inseguridad de los indocumentados y la sobrecarga femenina. “Las mujeres trabajan casi todas fuera de la casa, y regresan para seguir trabajando en el hogar”. La imagen que tiene del dominicano en New York “es muy positiva”, pues piensa que las inconductas que se le atribuyen “se ven en todas las culturas”.

COLECCIÓN DOMINICANA

Ahora Pamela Graham trabaja en la mejora y ampliación de los libros dominicanos en la biblioteca de Columbia University. “Para mí es muy importante tener en la ciudad de New York una colección buena y extensa porque me parece que va a continuar el interés en el país, no sólo por la migración sino porque existen estudiantes de la segunda generación que quieren estudiar el país, conocer sus orígenes”.

Refiere que tiene clasificados más de cinco mil ejemplares sobre asuntos nacionales, de autores dominicanos e internacionales. “La de Columbia es una biblioteca muy vieja, y por eso tiene libros antiguos, del siglo XIX, de la Era de Trujillo, de los años 80. Algunos fueron donados y ya hemos empezado a comprar a libreros, aunque la mayoría de las adquisiciones las hacemos a través de René Grullón”. Grullón es un dominicano residente en el extranjero que se dedica a comprar libros dominicanos para distribuirlos en instituciones americanas y europeas.

Pamela está casada con el norteamericano Timothy Wilson. Tiene alrededor de diez publicaciones, en inglés, sobre la República Dominicana, en los ámbitos sociales y políticos. Expresa que trabajar con la historia de este pueblo, con la diáspora, “ha sido como un cambio de vida. He aprendido mucho del coraje de los dominicanos, de sus afanes por progresar. A veces la cultura norteamericana es insoportable, por eso me dediqué a la educación y a los derechos de los emigrantes en Estados Unidos y tengo ganas de seguir trabajando más en este asunto, en el que creo voy a seguir toda mi vida”.

Y añade: “Creo que existen vínculos muy fuertes ente los países, pero pienso que el proceso migratorio es muy importante porque los americanos del futuro van a ser dominico-americanos”.