El DR-Cafta bajo el microscopio

Los TLC tienen tanto de oportunidad como de trampa. El buen o mal desempeño siempre dependerá de la capacidad de cada parte para competir en el mercado de destino. En economías tan disímiles como las de Estados Unidos frente a cada uno de sus socios en el DR-Cafta, es fácil prever quién se lleva la peor parte. Para el mercado de los Estados Unidos, poco lesiona la desgravación arancelaria de los productos dominicanos y centroamericanos. A la inversa, las cosas son muy diferentes.
El otro aspecto es que en esta relación de intercambio, solo Estados Unidos puede darse el lujo de violar las cláusulas que prohiben el otorgamiento de subsidios. Solo el socio más poderoso puede imponer a los más pequeños barreras comerciales, especialmente no arancelarias. Para República Dominicana y los países centroamericanos es difícil, por no decir imposible, devolver o detener embarques estadounidenses alegando violación de alguna cláusula del tratado.
Pero hay que admitir que el DR-Cafta ha sido una escuela que nos ha enseñado a producir para mercados muy exigentes. Eso nos sirve de mucho como productor y exportador. Y tal vez aprendamos también a ser más competitivos de lo que hasta ahora hemos sido. Aunque las expectativas iniciales eran fundamentalmente económicas, debemos sacarle provecho al precio pagado.

Dengue, chikun zika y mayaro

Estamos llamados a no bajar la guardia en materia de prevención sanitaria. No nos hemos sacudido del todo del zika y ya estamos bajo la amenaza del mayaro, un padecimiento viral transmitido por el mismo mosquito aedes aegypti portador de las otras tres enfermedades. La detección en Haití de un caso de este mal nos coloca en la ruta crítica de contagio. Las autoridades sanitarias consideran inminente la entrada de esa enfermedad en nuestro país.
Frente a esta amenaza sanitaria, conviene enfatizar en políticas de prevención que tengan como principal soporte la higiene, la destrucción de hospederos del mosquito transmisor y un suministro de agua potable suficiente. Nadie es inmune a la nueva enfermedad y, por tanto, todos debemos sentirnos comprometidos con las mejores prácticas de prevención.