El DR-CAFTA: dominicanía y dominicanidad

ADOLFO MORETA FÉLIZ
Un lector del Hoy Digital que leyó el artículo “El DR-CAFTA y las reformas” publicado el 8 del presente mes, pregunta en el comentario de la noticia, qué cuál es la diferencia entre dominicanía y dominicanidad. Otros que lo leyeron en la edición impresa, me han manifestado que son bastante explícitos los enfoques sobre las reformas y el DR-CAFTA como mecanismo para favorecer los intereses de los Estados Unidos en la región. Pero, refiriéndose a la parte donde se exhorta a fortalecer la dominicanía como forma de preservar la dominicanidad, al igual que el lector del periódico digital, preguntan ¿ cuál es la diferencia entre un concepto y el otro? Proviniendo las interrogantes de una confusión de los lectores, la respuesta se hace ineludible.

La piel con la que estaba forrada La Trinitaria y los trinitarios como forjadores de la República Dominicana era una “amalgama de colores” de disímiles ascendencia, procedencia, actitudes, unidos en el propósito común de crear la nación dominicana. De ahí, que la dominicanidad esté construida sobre la diversidad. Miguel D. Mena lo resume diciendo que “al asumir nuestro gentilicio la tendencia es unificarlo todo bajo tres colores cuando en verdad tenemos muchos todo un arcoiris”.

La dominicanidad somos todos, juntos con los símbolos que representan la dignidad, las glorias atávicas y los sacrificios de nuestros antepasados. Incluyendo a los aborígenes, quienes fueron activistas de la dominicanidad, mucho antes de que existiera La Trinitaria y la República. La dominicanidad es la cuna, el lecho, las montañas, las playas, los senderos, caminos y trillos en donde deben dormir, bañarse, divertirse y caminar en paz y tranquilidad todos los dominicanos. La dominicanidad es la patria. Pero la patria de los dominicanos es una utopía, porque sus nacionales no pueden accesar a ella.

Una cosa debemos tener presente. Cuando se es dueño de la casa, en ella pernocta quien diga su propietario.

Estados Unidos es una gran nación, que con la vertiginosa incautación de territorios pedazos a pedazos y con la instauración de una sola economía en todo el ámbito global, esa gran nación, al parecer, avanza por el camino de convertirse en una “gran patria” para todos. Aunque quizás el 98% de los ciudadanos del planeta jamás puedan conocer los territorios de la Unión.

En efecto, como un componente más de la globalización, se lleva a cabo un programa mediático orientado a erradicar del corazón y la mente de los nacionales de cada país, todo lo que induzca a recordar el deber del sentimiento patriótico. Y convencerlos a reconocer que la patria es la que da la comida, y ofrezca mejores satisfacciones materiales. Debemos siempre recordar, que ya no existe economía dominicana, sino que lo que tenemos es una economía angloamericana en la República Dominicana.

La República Dominicana se encuentra en el neurálgico punto de inflexión que separa la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC) del DR-CAFTA. Está en el proceso de un “cambio de mando” radical. La sustitución de la vieja clase representante, por una nueva emergente. Como en el imperio de la vieja Roma, el resurgimiento de “los nobilitos”. Para los nobilitos como nueva clase emergente que representa ya al “stablisment” que controla “la aldea…”, la patria sólo está en el lenguaje de los dinosaurios. Y en los jurásicos que se quedaron atrás en el pasado de utopías libertarias que han caducado. O sea, la patria pasó de moda. Existe, únicamente en la mente de los estancados y en algunos nostálgicos miembros de la vieja oligarquía desplazada. Por tal razón, a los dominicanos sólo le queda la dominicana.

Que es todo lo contrario a lo que se conoce como “dominicanada”.

Dominicanía es el soporte esencial del sueño de la dominicanidad. No es otra cosa más que ser dominicano. Ser dominicano es una actitud, un comportamiento, unaintrínseca forma de orgullo de impredecible reacción y difícil descripción. Dominicano es una sui-generis altiva y parejera forma de manifestarse y “buscársela”.Gente de bien, solidarios, laboriosos, rebeldes frente a todo tipo de abuso, maltrato o esclavitud. No obstante una malsana campaña en su contra tildándolos de xenófobos y racistas, frente a los extranjeros e inmigrantes sin importar su procedencia ni el color de su piel, son los más complacientes y solidarios anfitriones del mundo. Y eso premia, si no se pela o queda en taquilla.

Así es, que debemos fortalecer la dominicanía para continuar el largo y difuso sueño de preservar la dominicanidad. El sueño de creer que la patria nos pertenece. Cuando realmente pertenece a “los nobilitos” y a los “dominicander”.