El ego comete errores, el espíritu no

KARINA PEREYRA

La dignidad es tan noble que compensa las pérdidas que causa.

José Narosky

 Desde hace un tiempo, me he estado haciendo preguntas acerca de mi trabajo. Así que le pedí a Dios que me diera una señal,que me indicara con claridad si lo que estoy haciendo agrada a su corazón.En su inmensa generosidad, ¡no me envió una sino muchas indicaciones!

Mayo ha sido un mes en el que he recibido cosas grandiosas. He sido muy feliz en este tiempo. He tenido importantes tomas de conciencia, disfrutado muchos encuentros sociales que han alegrado mi alma, y recibido numerosas invitaciones para aproximarme al espectacular trabajo que está haciendo gente maravillosa.

El pasado fin de semana, estaba convocada para conocer la nueva propuesta que ha estado haciendo una de mis maestras. Cuando una querida amiga, que organizaba la actividad me extendió la invitación diciéndome: “quiero que mis maestras estén allí, y tú eres una de ellas”, me senti muy honrada. La reunión tuvo un final inesperado y anticipado cuando en el segundo día del taller, la maestra le dijo al grupo que me había dado una beca (2006), y que ese ha sido el “peor error” que ha cometido en su trabajo.

Etiquetar una decisión de “error” deposita todo el poder en el ego, que nos hace creer que todo gira en torno a nosotros.Nada ocurre fuera de los planes de Dios. En la dimensión espiritual, TODO es perfecto, lleno de significado y propósito. El ego es arrogante. ¿Dónde está la conciencia de alguien que cataloga una experiencia como el peor error que le ha ocurrido? En la materia.

Lo grande abarca lo pequeño. Del mismo modo que un estudiante de primaria no es bachiller, pero un bachiller si tiene estudios primarios, la dimensión espiritual incluye la material, en cambio la dimensión material no abarca la espiritual. Ella siguió diciendo que por todo había que pagar, que nada es gratis, y que no cometería el error por segunda vez, que era indigno que no pagara por el taller.¿Indigna por aceptar la invitación?

Osho dice: “La energía es buena, la energía es deleite, la energía es divina”. Estoy acostumbrada a sentir la energía en mi cuerpo. Así que me pregunté: “Karina, ¿tienes más fuerza o menos fuerza? Busqué en mi cuerpo algún malestar, dolor, incomodidad… ¡nada! Mi corazón estaba tranquilo, no me senti ofendida, ni humillada. Simplemente, lo que oía no estaba resonando en mí. Estaba en paz.

La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos dice Concepción Arenal.Para mí, la dignidad de todo ser humano proviene de reconocer en Dios su origen y su destino. Cuando mi maestra me dijo que tenía que pagar el taller o si no era indigna, con la serenidad y firmeza que solo se alcanza al estar sostenidos en el espíritu le dije: “Mi dignidad no proviene del dinero ni de ti, pero respeto tu autoridad”. Incline mi cabeza en reverencia y me fui.

¿Por qué hago público esto? Porque compartir mi travesía es parte de mi propósito de vida. Todos estamos interconectados, ninguna experiencia es individual. En un momento que ella me dijoque no había “regalos divinos”, me pregunté ¿Qué parte de mi necesitaba oír esto? La que había pedido una señal. El tiempo que pasé en el taller es un valiosísimo regalo que atesoraré con celo.

La maestra podía revocar la invitación que me hicieron, sacar frente a todoslo que le molestaba hace tiempo, juzgarme, y sacarme del salón, pero no tenía, no tiene, ni tendrá, el poder de agregarme ni quitarme dignidad. Tampoco puede arrebatarme las valiosas experiencias -y tomas de conciencia- que tuve en su taller¡Es un regalo divino!

Cuenta la tradición que, en cierta ocasión, un bandido llamado Angulimal fue a matar a Buda. Y Buda le dijo: “Antes de matarme, ayúdame a cumplir un último deseo: corta, por favor, una rama de ese árbol.”

Angulimal le miró con asombro, pero resolvió concederle aquel extraño último deseo, y de un tajo hizo lo que Buda le había pedido.

Pero luego Buda añadió: “Ahora, por favor, vuelve a pegar la rama al árbol, para que siga floreciendo.”

“Debes estar loco -contestó Angulimal- si piensas que eso es posible.”

“Al contrario -repuso Buda-, el loco eres tú, que piensas que eres poderoso porque puedes herir, matar y destruir. Eso es cosa fácil, de niños. El verdaderamente poderoso es el que sabe crear y curar.”