El encanto de tu mirada, poema para una tarde de noviembre

Edwin González, periodista
Episodios tan simples tienen el poder de irrumpir en nuestra rutina para recordarnos
que somos tan frágiles.
Una que otra vez aparece un detalle que, por alguna desconocida razón, logra sacudirnos
provocando una ilusión, algún momento de felicidad o, incluso, de dolor.
Esa experiencia sencilla, pero tan intensa, por un momento nos hace conscientes de
nuestra vulnerable vitalidad. Es lo que recogen estas líneas, las secuelas de la foto de
tu mirada encantada.

El encanto de tu mirada

“En tu mirada alegre he hallado mi encanto enfermizo.

Su candidez me embriaga de infancia…derriba mis fortalezas…me llena de ansias.

Irradia la luz que me mantiene perplejo,

la energía que me trastorna…

que droga mis emociones…

que me rodea como lazo el alma.

Cual niño sueño con acariciar tus párpados…

descubrir el secreto que esconden tus ojos tras su aura…

develar el origen de la pureza que me deslumbra…

que desequilibra mis sentidos…

que me roba y devuelve la calma.

Mas ha parecido un ensueño que me niega tu distancia…

una quimera de la que yo, indigno,

no hago más que sufrir en letargia.

Agota mi aliento el esfuerzo vano

en alcanzar esos destellos que parecen magia.

Basta un paso y mis a sentidos aliena su inercia absoluta…

su frialdad sin causas.

La brillantez de tu mirar retoza con mi mortalidad.

Me dejó sin álito a prima vista su embrujo aparente.

Rutilante detuvo mi andar vacilante

para despestar mi rima incipiente…

mi pluma ebria… mi prosa torpe…

mi verso errante”.