El encuentro

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Pensé que me iba a encontrar con una santa y me encontré con mi abuela. Santo Domingo, Hospital Oncológico, 9:00 de la mañana. 

-¿Deseas acompañarnos?- Preguntó el Obispo. Ambos nos conocíamos desde la infancia. Subimos al segundo piso y penetramos en el closet que fungía como salón de conferencias. Recuerdo que las pupilas de la monja eran luminosas como las de mi abuela, incrustadas en un rostro surcado por arrugas, testimonio de su larga lucha en este planeta de simios. Su mano era callosa como la de mi abuela. Me sonrió como le sonríe Dios a un recién nacido. El Obispo imploró sus bendiciones sobre el hospital y sobre el país, otro hospital mucho más inhóspito.

-¿Qué puedo hacer por ustedes?- preguntó la monja en un inglés perfecto.

-Somos nosotros las que deseamos saber qué podemos hacer por Usted.

-Oren por mí.

-Pero, en los lugares donde viven sus hermanitas no hay agua ni luz.

-Gracias, pero esa es la historia de este país y nosotras servimos a los más pobres de los pobres de la tierra.

Entonces se volvió hacia mí:

-Desearía que los sacerdotes nos dejasen tranquilas.

Pensé que la monja se había vuelto loca. El Obispo se quedó patidifuso.

-Solamente los necesitamos como consejeros espirituales. 

-Estoy casado y tengo una hija. No se la cambio ni por la Tiara Papal.

Entonces me dio una larga mirada como me daba mi abuela:

-Hijo- dijo leyendo mi pensamiento- nunca juzgues para que no seas jamás juzgado.

El nombre completo de la monja: Gonxha (Agnes) Bojaxhiú, conocida como la Madre Teresa de Calcuta. ¡Felices Navidades!