El enemigo invisible

http://hoy.com.do/image/article/332/460x390/0/D4CC2C8E-2B46-4BD3-8180-980D1760E057.jpeg

HAMLET HERMANN
Estados Unidos está en pie de guerra en Irak. A diario mueren y son invalidados decenas de soldados estadounidenses. Asimismo, Bush dilapida miles y miles de millones de dólares en la ocupación militar de la antigua Mesopotamia. ¿Quiénes dirigen la resistencia al invasor? ¿Quién es el enemigo? ¿Dónde están los frentes de combate? ¿Dónde acampan las tropas de la insurgencia que enfrenta al ejército más poderoso que ha conocido la humanidad? La realidad es que el todopoderoso ejército imperial, forjado a lo largo de la “guerra fría” para enfrentarse al poder soviético, parece estar en vías de ser derrotado por un enemigo invisible.

Ahora, en noviembre de 2006, las tropas de ocupación están padeciendo una de sus peores crisis de moral combativa. ¿La razón? Día a día aumentan las víctimas norteamericanas producto del actuar de francotiradores. Nadie sabe cómo, ni cuándo, ni dónde está aquel enemigo que aniquila como un rayo, aunque sin relámpago ni trueno. El “sniper”, que antes era apenas una excepción, se ha convertido en norma de la guerra de resistencia. Ahora todo es diferente. Los francotiradores de la resistencia iraquí disfrutan del don de la ubicuidad. Están en todas partes y nadie parece saber exactamente dónde. Esta amenaza ha sido considerada con tanta seriedad que en octubre pasado el mando militar estadounidense sostuvo una conferencia interna para compartir las experiencias de combate y discutir las tácticas para contrarrestarla. Los “snipers” están activos como nunca antes y han demostrado grandes habilidades para seleccionar sus objetivos y elegir los lugares desde donde disparan.

Según los mandos norteamericanos, su profesionalidad y puntería han mejorado notablemente. Es evidente que este incremento de actividad responde a un entrenamiento masivo y de alto nivel. Más aún, a los analistas les da la impresión que la meta de los francotiradores es llevar a las tropas de ocupación un estado de ánimo de inseguridad y un delirio de persecución. Los disparos no son siempre hechos para aniquilar, sino para herir y provocar el pánico generalizado. El francotirador prefiere atacar en los momentos de descanso de los soldados estadounidenses. Como si fuera parte de una guerra sicológica de desgaste físico y mental del invasor. A menudo los “tiros fáciles” son dirigidos a los hombros o en el centro de las nalgas donde los chalecos blindados no ofrecen protección. Se busca provocar que otros soldados tengan que transportar al herido y se contaminen mentalmente con el sufrimiento ajeno y el miedo al ataque  imprevisto.

Los comentarios de los “marines” son más que elocuentes. Alegan que el francotirador de la insurgencia sólo hace un disparo. Y siempre acierta. Aunque no sea cierto, ellos prefieren creerlo así. Los ataques son hechos desde largas distancias y con obstáculos intermedios de manera que la ubicación y persecución se hagan imposibles. Ante la impotencia generada, la seguridad de la tropa estadounidense se convierte en algo individual. El soldado asimila esa situación como un desamparo en el que su unidad militar y las fuerzas armadas como un todo no pueden defenderlo del enemigo invisible. El momento de descanso entre combates se convierte en situaciones de angustia esperando a que el rayo sin relámpago ni trueno impacte. Caminan en zigzag tratando de confundir a un enemigo que no saben cuándo va a aparecer. Evitan al máximo salir de los vehículos o de las edificaciones donde podrían ser blanco fácil del enemigo invisible.

La insurgencia iraquí sabe del pánico que han creado y bautizaron al grupo de francotiradores como “Juba”, la danza africana de la muerte. En un avance de la guerra psicológica que conducen a través de los francotiradores, ahora filman en vídeo cada uno de los disparos que realizan contra las tropas norteamericanas. Y lo difunden entre la población. Su efectividad logró que CNN transmitiera en el programa de Anderson Cooper una parte de ese accionar, aunque la emisora suprimió los instantes en que cada soldado invasor cae herido de muerte. Los insurgentes consideran que mostrar esos hechos en las pantallas de los televisores deprime más al enemigo y le otorga mayor confianza a los que luchan contra la ocupación de Irak de parte de Estados Unidos.

Asimismo el pueblo estadounidense no puede dejar de pensar en el enorme parecido que han tenido la ofensiva del Tet en Vietnam en 1968 y la ofensiva del Ramadán en Irak en 2006. Dos episodios lejanos entre sí con, aparentemente, un mismo final.