El enigma de un pez gordo que desapareció

ISLAMABAD, Pakistán.- Para fines de la semana pasada, las noticias procedentes de las remotas áreas tribales de Pakistán parecían exactamente las contrarias a las llegadas apenas siete días antes. De nuevo, el interrogante crucial se centraba en el ejército de Pakistán: ¿Cuán duramente en realidad estaban tratando de capturar y matar terroristas?

El 18 de marzo, el Presidente de Pakistán, general Pervez Musharraf, ofreció una entrevista televisiva en la cual describió una encarnizada batalla entre soldados paquistaníes y entre 400 y 500 militantes y despertó expectativas de que el líder No. 2 de Al Qaeda, el doctor Ayman al-Zawahiri, estuviera rodeado.

Dos días después, funcionarios militares restaban importancia a las declaraciones sobre el cero a Zawahiri como una “conjetura”. Y para fines de esta semana, surgió un nuevo mensaje grabado supuestamente por Zawahiri, mofándose del gobierno con un desafiante llamado al derrocamiento de Musharraf. Lo que sucedió exactamente en el aislado rincón de Pakistán donde la batalla se desarrollaba era un enigma.

¿Zawahiri y otros militantes humillaron al poderoso ejército paquistaní, matando a por lo menos 30 soldados paquistaníes y capturando a otros 20 antes de escapar? ¿O toda la batalla había sido exagerada por funcionarios paquistaníes, incluyendo Musharraf, en una semana en que estaban ansiosos por impresionar a un dignatario estadounidense visitante, el secretario de Estado Colin L. Powell?

Ambas versiones de los acontecimientos tienen algo de verdad, según analistas paquistaníes de asuntos militares. Y no importa lo que haya ocurrido, dijeron, el episodio tuvo inquietantes implicaciones para el futuro de las operaciones militares paquistaníes en las áreas tribales del país.

La fiereza del combate sugería que cientos de militantes extranjeros, quizá incluso Osama bin Laden y su principal subalterno, podrían haber convertido la agencia tribal de Waziristan del Sur en su nueva base de operaciones. Al mismo tiempo, el Ejército de Pakistán parecía haber actuado torpemente en una operación crítica ahí o habían cedido ante la determinación de la resistencia.

La operación paquistaní empezó el 18 de marzo, el último día de una visita de dos días a Islamabad de Powell, quien ofreció a Pakistán el estatus de un importante aliado de Estados Unidos no perteneciente a la OTAN.

“No creo que haya salido bien”, dijo Ayesah Siddiqa, experta en las fuerzas militares paquistaníes que elabora artículos para publicaciones de Jane’s sobre temas militares y de seguridad. “No es una simple operación en las áreas tribales”.

Funcionarios paquistaníes dijeron que 300 miembros de una fuerza paramilitar del área tribal, los Cuerpos Fronterizos, rodeaban la casa de un tribeño local que se decía daba refugio a combatientes extranjeros en la aldea de Kaloosha. Tres vehículos inesperadamente salieron bajo fuego, y uno escapó.

Varias horas después, las fuerzas paquistaníes se encontraron bajo fuego de ametralladoras pesadas, morteros y cohetes detrás de ellos, y en la batalla que siguió 15 miembros de los Cuerpos Fronterizos murieron y otros 10 fueron tomados prisioneros, junto con dos funcionarios gubernamentales de bajo nivel. Al final, 400 tropas del ejército regular fueron enviadas al lugar. Esa noche, Musharraf y otros funcionarios paquistaníes sugirieron que quienes estaban dentro del recinto podían haber estado combatiendo para defender a un “blanco de alto valor”. La especulación rápidamente se centró en Zawahiri, de quien funcionarios paquistaníes dijeron que había estado en el área.

Funcionarios militares anunciaron que el ejército paquistaní había formado un cordón doble en torno de los 400 ó 500 militantes. Al día siguiente, prometieron que ninguno escaparía.

Pero siguieron más reveses. Los disparos desde un helicóptero paquistaní mataron a por lo menos una decena de civiles. Guerrilleros atacaron a dos convoyes de suministro del ejército a kilómetros de distancia, matando a otros 20 soldados y capturando a ocho. El pasado lunes, el ejército paquistaní anunció el descubrimiento de una red de túneles en el recinto donde se originaron los combates. Señalando un significativo descenso en la resistencia que estaban enfrentando, los funcionarios dijeron que los combatientes podrían haber usado los túneles para escapar.

Funcionarios militares no ofrecieron explicación alguna de la forma en que los combatientes habían podido pasar semanas, si no meses, construyendo los túneles en el recinto. La batalla, de hecho, ocurrió en un racimo de aldeas a 16 kilómetros de una importante base del ejército paquistaní, no en un área remota. Funcionarios paquistaníes dijeron que la casa había sido registrada en diciembre, pero no se encontraron militantes ni túneles.

El jueves pasado, el comandante de la operación anunció que 140 supuestos militantes habían sido arrestados, y declaró la operación casi concluida.

Al día siguiente, apareció la cinta atribuida a Zawahiri. Un funcionario afgano con nexos con Waziristan del Sur dijo que Zawahiri nunca estuvo involucrado en los combates y que había estado oculto en una zona montañosa que se extiende de Waziristan del Sur al área tribal adyacente de Waziristan del Norte. Dijo que Bin Laden estaba cerca, también oculto en Pakistán.

Conforme los choques llegaban a su final, algunos comentaristas paquistaníes defendieron el desempeño del ejército. Otros se burlaron de él.

“El entusiasmo, qué lástima, no duró”, escribió Ayaz Amir, columnista del periódico en inglés Daily Dawn. “Este es un fiasco de primer nivel, cualquiera que sea la forma en que se le mire”.

Siddiqa dijo que aún no sabía lo que había sucedido en Waziristan del Sur. Dijo que no tenía información precisa del ejército de cuántos militantes estaban rodeados, quiénes eran y por qué se hizo la afirmación sobre Zawahiri.

Hazan Askari Rizvi, experto que estudia a las fuerzas armadas paquistaníes, dijo que el ejército apenas empezó a enfrentar a los militantes hace cuatro meses, después de dos intentos por parte de islamitas de asesinar a Musharraf en diciembre. La represión se aceleró después de que Estados Unidos aceptó el perdón de Musharraf al principal científico del país, Abdul Qadeer Khan, en un escándalo sobre la proliferación de la tecnología nuclear de Pakistán. Estados Unidos tampoco refutó a Musharraf cuando éste dijo que él y todos los altos oficiales de las poderosas fuerzas armadas y agencia de espionaje de Pakistán habían estado completamente inconscientes de las actividades de proliferación de Khan.

Rizvi dijo que durante los dos años antes de los intentos de asesinato, el ejército paquistaní, aunque prometía públicamente apoyo total a la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo, se había hecho de la vista gorda ante algunos militantes en las áreas tribales. Esos militantes, dijo, estaban ayudando a la insurgencia respaldada por Pakistán en la parte controlada por India de Cachemira. “El gobierno de Musharraf no quería alienar a estos grupos”, dijo.

Un funcionario del espionaje estadounidense, quien habló a condición del anonimato, estimó que la mayoría de los miembros del ejército y los serviciosd de espionaje paquistaníes simpatizaban con los militantes y que muchos les estaban ayudando. Dijo que operaciones especiales estadounidenses y británicas estaban siendo llevadas a cabo en las áreas tribales para encontrar a Bin Laden y Zawahiri, una declaración que funcionarios paquistaníes negaron.

Otros analistas paquistaníes tienen otra teoría: que aunque Musharraf y altos dirigentes militares respaldan firmemente la represión, algunos miembros de menor nivel del ejército, los Cuerpos Fronterizos y los servicios de espionaje quizá continúen transmitiendo información a los militantes. Políticos de oposición, en realidad, se han quejado de que Musharraf ha estado engañando a Estados Unidos, que apenas la semana pasada levantó las sanciones impuestas a Pakistán en 1999, cuando Musharraf asumió el poder en un golpe de estado.

Rizvi, el analista militar, fue más caritativo. Predijo que las cosas mejorarían para el ejército paquistaní en operaciones subsecuentes. Esos esfuerzos, dijo, serían serios.

“La próxima vez”, dijo, “pienso que estarán usando fuerza masiva”