El esplendor de la cerámica

El esplendor de la cerámica

La cerámica es parte fundamental de la historia del hombre. De origen humilde –el barro posee una gran resistencia al fuego y a la intemperie, con lo que se identifica como uno de los mejores testimonios para el estudio de la evolución social, técnica y estética de las diversas culturas.

El origen de la cerámica se vincula a la sedentarización del hombre en el período neolítico. Pero en los yacimientos prehistóricos se detecta pronto la evolución técnica y estilística. La cerámica pintada apareció en el llamado Creciente Fértil, Egipto y Mesopotamia. De allí las tecnologías pasaron al resto del Mediterráneo.

La cultura etrusca (Italia) consiguió dar aspecto metálico a su cerámica ennegrecida, que luego fue reemplazada por la cerámica roja, llamada sigillata (sellada), manufactura que extendería Roma por todo su imperio.

En territorio español, antes de la llegada del dominio romano, hubo una avanzada cerámica. La gran eclosión tuvo lugar en el período ibérico. Cerámicas de torno, con pasta fina de tonos amarillentos, y pintadas con tonalidades de rojo vinoso abundaron por el arco ribereño mediterráneo. En especial cabe destacar la cerámica del entorno de Lliria (al lado de Valencia), con una notable precisión en el dibujo de sus figuras, con bellas y detalladas escenas relacionadas con la guerra o las actividades diarias, a las que suelen acompañar numerosas leyendas escritas en caracteres ibéricos.

Con una trayectoria marcada por los influjos griegos y romanos, la cerámica española registró un nuevo impulso merced a la expansión de las técnicas musulmanas, muy hábiles a la hora de dar al objeto una capa vítrea impermeabilizante, soporte además de su eventual cromatismo o de su decoración. Una técnica especialmente brillante fue la de reflejos metalizados, originaria de Mesopotamia y Egipto.

La cerámica española es fruto de cruces culturales. En la Edad Media, los cristianos comían en platos de madera o metal, utilizando la cerámica para cocer o conservar los alimentos. En cambio, en los reinos musulmanes de España se desarrolló una potente actividad cerámica que proporcionaba objetos para los usos diarios y suntuarios. Los moriscos capitalizaban la producción cerámica, tras la conquista cristiana, y desarrollaron un meritorio sector cerámico en el entorno de Valencia, en Manises y Paterna.

[b]Cerámica española para todo el mundo[/b]

La cerámica hispanomorisca de reflejos se exportó a toda Europa en el tramo final de la Edad Media, pero su expansión declinó a partir del XVI, por varias razones: el crecimiento de los precios en España, la competencia italiana, y la expulsión de los moriscos en los inicios del XVII. Otras cerámicas españolas exportadas posteriormente por todo el mundo fueron las de Talavera (desde el siglo XVI) y Alcora (desde el XVIII).

En un periodo en que las piezas de Meissen, en Alemania, Sèvres, en Francia o Capodimonte, en Italia, eran coleccionadas y perseguidas por reyes, nobles y burgueses acomodados, Carlos III quiso remediar esa carencia de España fundando en los jardines del Retiro, Madrid, la Real Fábrica de Porcelana, dirigida y supervisada por los maestros traídos de Nápoles. Su producción fue de altísimo prestigio.

Pero independientemente de estos productos de prestigio y elitistas, hasta nuestros días se han venido realizando piezas bellísimas en alfares de toda España, con tecnologías y diseños variados muy vinculados a la propia historia y economía del país.

[b]Legado de Francisco Godia[/b]

Son más de un centenar de piezas de cerámica seleccionadas de la colección privada de la Fundación Francisco Godia las que se muestran en el palacio medieval de la Fontana d’Or, hasta el 30 de mayo. Es comisaria de la muestra María Antonia Casanovas, conservadora del Museo de Cerámica de Barcelona.

La conservadora ha dicho que la colección permite hacer un recorrido por la historia de la cerámica española agrupándola por temas, dando especial significación a los centros de producción y creación más importantes que existieron en la península.

Es una selección de las principales manufacturas españolas desde el siglo XIV, hasta el XIX, articulada en cuatro grandes grupos: flores y paisajes, figuras y retratos, bestiario español, y heráldica.

En el grupo de piezas de flores y paisajes se muestra como los temas florales simbolizan en todas las culturas la fugacidad de las cosas, la inocencia, la fecundidad o la renovación de la vida individual. Estos motivos son muy frecuentes en la cerámica española, pero también los animales tienen un papel importante por el simbolismo, sus cualidades, formas y colores.

Otro tema reiterado se refiere a los escudos heráldicos; los de las familias aristocráticas, órdenes militares y dignatarios religiosos aparecen en vajillas desde la época medieval.

Entre las numerosas piezas expuestas destaca, por la calidad de la manufactura y su importancia histórica, un busto del Conde de Aranda, creador de la manufactura de Alcora, y una excelente colección de platos de reflejos metálicos.

[b]Selección[/b]

La Fundación Francisco Godia posee una serie de materiales de arte, recogidos desde la década de los 60, entre los cuales abunda la cerámica, considerada siempre como una de las expresiones artísticas que más pronto desarrolló el ser humano.

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