El estado fallido

PEDRO GIL ITURBIDES
Creo en lo que plantea el Fondo para la Paz en número reciente de la revista “Foreing Policy”, una publicación estadounidense de análisis y ensayos. Para el Fondo, una organización sin fines de lucro financiada por el gobierno federal estadounidense, el Estado Dominicano ha fallado. La entidad afirma que el Estado Dominicano es un Estado fallido. Pero, ¿dónde se asienta el Estado Dominicano? ¿Dónde funciona? ¿Dónde podemos localizarlo? ¿Dónde queda el edificio en que se encuentra su sede oficial?

El Estado Dominicano es una abstracción jurídica y política que se torna estructura funcional en el Gobierno Dominicano. El Gobierno Dominicano, por consiguiente, nos ha fallado a los dominicanos. Le ha fallado a su pueblo, y en este sentido, el de la República Dominicana es un gobierno fallido.

Aunque duela al Presidente de la República, doctor Leonel Fernández, es verdad irrebatible lo pregonado por la fundación en Washington.

Empero, el Fondo exagera al colocarnos en el lugar en que nos ubica, apenas ligeramente sobre Haití. Los vecinos del oeste en el lugar número veinte y nosotros, dando lástima, en el diecinueve. Y por su protesta, merece respaldo el Presidente Fernández. Sostiene el mandatario que no deben compararnos con nuestros vecinos. Y a seguidas, que no son vinculantes las

soluciones a nuestros problemas. ¿Quién puede oponer argumento racional a tales aseveraciones del mandatario dominicano?

Haití involuciona sin detenerse desde el inicio de su independencia.

Nosotros hemos involucionado en algunos períodos, y luego nos hemos levantado para evolucionar de modo positivo. ¡Aunque volvamos a caer! Haití ha vivido en decadencia, ocasionalmente detenida sin revertir el proceso.

Nosotros hemos tenido períodos de anarquía para luego recuperarnos y abrirnos a la promoción humana.

De no ser por las tribulaciones generadas por los gobiernos incompetentes y prevaricadores que hemos padecido, éste sería el paraíso. Y en ello reside la debilidad de la estructura social, imposibilitada de consolidar la Nación Dominicana. Y el fallo de la mayor parte de los gobiernos que ha padecido este pueblo.

Hace pocos años los mismos políticos que encabezan la actual gestión del Poder Ejecutivo, transformaron la vieja Corporación Dominicana de Electricidad. ¡La capitalizaron! ¡Y qué capitalización de mis culpas! Por esos años se explicó que los recursos de la “capitalización” permanecerían en el exterior para contener la inflación. Pero todo el proceso, lleno de absurdos y enredos inentendibles, es paja de coco.

Junto a ello se estableció un nuevo esquema jurídico que prevalece en la actualidad. Aunque resulte increíble, hace pocas horas, aquellos que apadrinaron esos cambios y esa nueva estructura jurídica anuncian con descaro inaudito la instalación de plantas generadoras de electricidad a partir de carbón mineral ¡en contradicción con aquellas políticas y esas leyes que ellos hicieron posible!

Esta conducta irracional, ilógica, transgresora de las normas que se implantan, es sintomática del gobierno fallido. Y si lo único enrrostrable fuese lo del sistema eléctrico, seríamos felices. El problema es que desde los días mismos de la proclamación de la República, hechos similares se repiten a granel, sembrando inequidad e injusticia social.

Pero además, esta conducta alienta el desconcierto entre las gentes que, estimuladas por ello, contravienen toda forma de orden jurídico y social, prevalidos del ejemplo que les ofrecen sus guías.

No cabe ninguna duda, por consiguiente. Conducidos por gobiernos frustratorios, de ejecutorias fallidas, se ofrece una imagen pobrísima del desempeño que tenemos como Nación. Y por consiguiente, es fácil que al Estado Dominicano se le endilgue el remoquete de Estado fallido. Pero en realidad han fallado los hombres que han dirigido, con escasas excepciones, el Gobierno Dominicano. Por lo cual, ha fallado ¡nos ha fallado a todos nosotros! el Gobierno Dominicano.

Esa es verdad de Perogrullo.