El Estado: patrimonio de los políticos

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
Desde que en 1961 el Estado dejó de ser patrimonio personal de Trujillo, las huestes políticas y económicas que se abalanzaron sobre el mismo, han disfrutado de sus ventajas, y sin responsabilidades, de las arcas, empresas y propiedades que el dictador había creado y puesto algunas en manos de sus testaferros más señeros y obedientes servidores. A 45 años después de la desaparición de Trujillo, todas esas riquezas, con una maldición intrínseca, se diluyeron para que no pudieran disfrutarse, pasando muchas a manos privadas, y lo poco que quedó tuvo que ser entregado de nuevo a esas manos para evitar un colapso definitivo.

La historia del disfrute de los recursos del Estado, por parte de todos los que han enganchado a políticos es interesante, y algún día se podrá conocer en detalle, ya que ahora, todo lo que se escribe viene acomodado a favor de alguien o en contra, dependiendo a quien responda el “escribidor”, en donde ya se modifican hechos para favorecer a los que alguna vez cometieron actos de latrocinio flagrante, desde que en 1961 hizo su aparición la democracia.

Ahora, en pleno siglo XXI, se nota de cómo los políticos, pese a que públicamente y utilizando masivamente los medios de comunicación, se destripan y se acaban uno con otro, pero calladamente se protegen y se permite que cada grupo tenga su cuota de poder para acallar a los revoltosos y a sus apetencias indomables en contra de las arcas del Estado, que es un medio para enriquecerse y lo han logrado.

Los políticos, pese a sus diferencias exteriores y pertenecer a partidos distintos, son miembros de una logia muy exclusiva, en donde se apoyan y acuden por todos los medios para obtener su parte del botín, que recientemente se manifestó en la repartición descarada de fondos públicos, supuestamente para cubrir los costos de una campaña política, pero que finalmente se convierten en vehículos, residencias, viajes y gastos ostentosos en amantes, restaurantes, etc. Nadie les exige cumplir con los requisitos de una contabilidad organizada y confiable y no le temen a ninguna auditoría oficial ya que nadie se atreve pedirle cuentas.

La logia de los políticos es muy exclusiva y se manifiesta de forma descarada cuando se visualiza un posible cambio de partido en el poder y se comienza a tomar posiciones para asegurarse sus futuros, o al menos, hay los que se resisten al desplazamiento de poder, que todavía, faltando poco tiempo para la instauración de las nuevas autoridades legislativas y municipales, acarician ideas de arrasar con todo y empañen el acto cívico de los corderos engañados como son los electores que asistieron cívicamente el pasado 16 de mayo a las urnas a seleccionar al grupo político que le tocará disfrutar el poder.

Los políticos, durante 45 años, han dejado lecciones evidentes de sus actuaciones, y pese a que se venden como mansos corderitos y muy capaces administradores, se conocen en sus virtudes y defectos, que en casi todos los casos, se traducen en vida opulenta, pertenecer a círculos exclusivos del poder económico, al cual han ingresado después de haber pasado por una posición pública.

Los recursos del fisco, que para este año se estiman ingresos superiores a los $224 mil millones de pesos, son muy codiciados y tiene diversos laberintos para nunca llegar a los fines que se estimaron cumplirse. Cuando se habla de aumento del gasto social, es un eufemismo que les permitirá a los políticos tener más ventanas abiertas para el despilfarro de los recursos, como ocurre con las inefables ONG de los legisladores. Además los gastos de capital permiten que los escapes sean menos evidentes, ya que como era antes y es ahora, se sobrevaloran las obras para que más dinero fluya hacia el partido o los políticos que buscan cargos electivos de importancia.

Casi ningún caso de corrupción ha sido castigado, los pocos que han sido perseguidos, los políticos, obedecen a razones personales o de políticos de quien incita a una persecución, pero que a la hora final, después que han logrado el objetivo de manchar una reputación, se desisten de las acciones judiciales y se prefiere dar la callada por respuesta. Así vemos en cada gobierno que se les grita y se les acusa a los políticos en el poder de corrupción descarada, pero a la hora de presentar las pruebas, que muchas veces las tienen, no aparecen y se evaden las responsabilidades. De esa manera se consolida la logia de los políticos, que como una mafia cualquiera, es muy poderosa y exclusiva, donde la condición esencial para pertenecer a la misma es no tener escrúpulos y poseer una piel muy dura para resistir los ataques que les llegan de todos lados.