El estallido de la burbuja Bush

Estas elecciones presidenciales de Estados Unidos son las más observadas desde, al menos, 1980. Ahora como entonces la opción es entre dos candidatos con filosofías de gobierno y puntos de vista sobre el ejercicio del poder de EEUU en el mundo, marcadamente diferentes. El resultado determinará si triunfa la política radical, basada en la fe del presidente George W. Bush, o la opción del cambio de rumbo de EEUU representada por el senador John Kerry.

El señor Bush llegó a la Casa Blanca en enero de 2001, después de lograr una muy estrecha victoria electoral, cortesía de la Corte Suprema de Justicia. Prometió ser un conciliador. Habló de unificar a demócratas y republicanos en casa. Prometió desarrollar una humilde política exterior. Su expediente revela, sin embargo, que no ha hecho nada de eso. Ha sido un polarizador, que ha explotado la guerra contra el terrorismo para arrinconar la oposición interna y dividir el mundo entre “ellos y “nosotros”.

El señor Bush pudiera argumentar que los acontecimientos dictaron sus acciones. Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, el mundo cambió, al menos a los ojos de los norteamericanos repentinamente vulnerables. La necesidad de un fuerte liderazgo presidencial era un imperativo. El señor Bush ya había heredado una fuerte desaceleración económica y una caída en la bolsa de valores. Los ataques del 11/9 hicieron trizas los negocios y la confianza. Gracias a los generosos recortes tributarios y el dinero barato de la FED, todavía está en camino una fuerte recuperación económica.

Esta mala situación económica a corto plazo pudiera convertirse, sin embargo, en un desastre a largo plazo. El señor Bush tiene todavía que vetar un proyecto de ley sobre el gasto que está en el Congreso. Su promesa de dejar como algo permanente los recortes fiscales, es una temeridad. Solo en el comercio, la administración se ha comportado con comedimiento. A diferencia de los años de 1980, cuando las administraciones republicanas jugaron con el sentimiento anti-japonés, la Casa Blanca ha evitado estimular el temor popular sobre el poder económico de China.

Pero es por la política exterior por lo cual el señor Bush será juzgado. Desde su primer día en el cargo, el señor Bush ha estado siguiendo una agenda política guiada por la ideología. Actuar según los principios, no constituye necesariamente una debilidad, como demostraron Margaret Thatcher y Ronald Reagan durante la guerra fría. La falla del señor Bush es su reticencia tozuda a admitir errores y a ajustar el personal y la política. La fe ciega en el poder militar como una herramienta para el cambio ha influído con demasiada frecuencia la toma de decisiones

Durante los últimos tres años, la brecha entre la ambición y la realidad ha creado lo que pudiera considerarse una “burbuja Bush”. Empezó después del 11 de septiembre, cuando el presidente unificó a una nación afligida en la lucha contra el terrorismo islámico radical. Sin embargo, el éxito trajo los excesos. El señor Bush inició una guerra preventiva contra Irak a partir de suposiciones falsas. Pocos podrían disputarle que el mundo está mejor sin Saddam Hussein, pero las armas de destrucción masiva mencionadas como el “casus belli” parecen una fibra de imaginación. La visión del señor Bush de esparcir la democracia en el Oriente Medio es noble, pero la manera de ejecutarla ha sido execrable. La ocupación de Irak parece un punto de convergencia para los fundamentalistas islámicos, que constituyen el enemigo real.

EEUU necesita aliados en la lucha contra el terrorismo, pero el moralismo de cruzada del señor Bush ha alienado al resto del mundo, y ya una gran parte del electorado en casa está temeroso por la influencia de la derecha religiosa. El escándalo de Abu Gharib manchó la reputación de EEUU para una generación. En general, la guerra encabezada por EEUU contra el terror confunde la batalla de al-Qaeda como un choque de civilizaciones, en lugar de una batalla dentro del mundo musulmán.

El señor Kerry comprende estos matices, También entiende que el poder de EEUU depende de la credibilidad en Estados Unidos. La guerra preventiva contra Irak hará más difícil agrupar la opinión internacional (y la de EEUU) en crisis futuras que tengan que ver con crisis futuras relacionadas con aspirantes a potencias nucleares como irán y Corea del Norte.

Por supuesto, el señor Kerry estuvo en el pasado del lado equivocado de la historia. Estuvo a favor de un congelamiento nuclear durante la guerra fría. Votó contra la primera Guerra del Golfo. Pero después que fue sometido a prueba en el crisol de Vietnam, ha aprendido que volver sobre ciertas actitudes puede constituir una virtud.

Sobre política interna, el senador todavía tiene mucho que demostrar. Parece ser más serio sobre la reducciòn del déficit, pero al igual que el señor Bush, no está dispuesto a sostener una conversación seria sobre el impacto a largo plazo de los costos de la Seguridad Social y el Medicare. Sobre el comercio, se arriesga a ser capturado por los sindicatos preocupados por los empleos sub-contratados en el exterior. Un presidente Kerry probablemente retrotraería la responsabilidad fiscal a los años de Clinton, particularmente si se ve obligado a hacerlo por una mayoría republicana en el Congreso. Ante la necesidad de una cooperación económica internacional, de manera notable, para manejar un futuro descenso en el dólar, esto pudiera ser una receta para el éxito.

Hay algunos, en particular en Europa, a quienes les gustaría echar atrás el reloj antes del 11/9. Añoran los días de paz y prosperidad de los años de Clinton. El señor Bush reconoció que el mundo cambió. Pero ha conducido a EEUU en la dirección equivocada. Como candidato, el señor Kerry en ocasiones no logra inspirar. Le debe su alza más a la oposición al señor Bush que a la lealtad a su propia causa. Pero al sacar la cuenta, él es una opción mejor y más segura.

TRADUCCION: IVAN PEREZ CARRION