El estrés: causas, consecuencias
y algunas posibles soluciones

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El intenso ritmo de trabajo, la competitividad,  la complejidad con la que convivimos en las grandes ciudades generan una terrible presión. El estrés no es en sí mismo una enfermedad  pero si se padece durante mucho tiempo puede convertirse en un mal crónico. Surge de situaciones difíciles en el trabajo, en el hogar, en las relaciones interpersonales.

También puede derivarse de conflictos emotivos internos, del entorno de la dieta, la mala salud, los apuros económicos o ciertas situaciones en nuestras vidas; un parto, un fallecimiento o un divorcio. Antes de saber cómo aliviarlo, se hace necesario aprender a reconocerlo.

Causas del estrés.

Fisiológicas. Estas causas están relacionadas con las enfermedades y lesiones del cuerpo que aumentan la tensión interior de la persona produciendo un nivel de estrés que se vuelve contraproducente hacia uno mismo. Por ejemplo, una enfermedad orgánica produce una reacción negativa en el campo emocional.

Psicológicas. Se relaciona con la vulnerabilidad emocional y cognitiva. Crisis vitales por determinados cambios: infancia, adolescencia, madurez, vejez. Relaciones interpersonales conflictivas o insuficientes. Condiciones frustrantes de trabajo o estudio: excesiva exigencia o competitividad, monotonía, normas incongruentes, insatisfacción vocacional, etc.

Sociales: Cambios sociales en los que cada época trae nuevos retos a afrontar. Cambios tecnológicos  acelerados que la persona no puede integrar, etc.

Cómo manejar el estrés

No todos respondemos al estrés de igual forma ni tampoco hay técnicas infalibles.

Hay ciertos tipos de personalidad o temperamentos que no pueden manejar bien el estrés y sobredimensionan algunas situaciones de la vida cotidiana.

Del mismo modo, no todos respondemos de la misma manera ante ciertas recomendaciones comunes para controlar las tensiones. Por esa razón hay que tener en cuanta las características personales antes de buscar soluciones.

Además, las circunstancias de la vida varían y lo que, en un momento nos sirvió para mantener nuestra paz mental, puede que en otro contexto ya no  funcione de la misma forma y es cuando llega el estrés.

LAS CLAVES

 Las señales del alarma

1. Siente una profunda tristeza sin razón aparente.

2.  Llorar es  muy sano, ya que ayuda a liberarse de las energías negativas que le ahogan. Pero recuerde que las lágrimas pueden derivar una patología.

3.  Tiene sensación de inseguridad, generada por los cambios importantes como empezar en un nuevo empleo o en una mudanza.

4.  se aleja de las relaciones personales y no quiere ver ni a su familia.

5.  Duerme mal y puede que se despierte varias veces durante la madrugada.